Orquesta sinfónica simón bolívar
ficha
Director: Gustavo Dudamel. En programa: Obras de Ravel, Castellanos, Chávez, Stravinsky. Organización: Centro Cultural de Música. Sala: Auditorio Nacional Adela Reta; martes 28 de julio.
Cuando hace una década apareció un joven y desconocido Gustavo Dudamel en Montevideo los pocos presentes en la Sala Brunet (hoy Auditorio Nelly Goitiño) aquella noche supieron que se trataba de un talento fuera de serie y de un músico desopilante. Quizás nadie podía imaginar entonces que se transformaría -en tan poco tiempo- en el director de orquesta más codiciado del mundo. Y ciertamente, Dudamel es a sus 30 años, una de las batutas más sorprendentes y dotadas del momento.
Por eso mismo, el hecho de que el Centro Cultural de Música (CCM) haya logrado presentar en Uruguay a la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar de Venezuela dirigida por Gustavo Dudamel en su apogeo es una iniciativa que debemos de celebrar y agradecer. Una empresa de este nivel implica riesgos grandes que sólo una institución de la trayectoria y la seriedad del CCM puede asumir saliendo airosa del desafío.
Trascendencia. La experiencia musical que se vivió el martes pasado en el Auditorio Nacional del Sodre fue sencillamente trascendente. Dudamel llega al fondo de la música de una manera absolutamente intuitiva pero cargado de un humanismo y de una fuerza arrolladora que logra conmover al más indiferente de los presentes en sala. Su dirección es clara, sobria y sobre todo musical. Poderosa y bellamente musical. Su géstica es expresiva y conmovedora.
No hay falsas retóricas ni demagogias artísticas, todo en él es genuino. Logra manejar con precisión una orquesta de enormes proporciones (la más grande que se ha visto en Montevideo en los últimos años) y obtiene excelentes resultados tanto en la música de Ravel y Stravinsky como en las de raigambre más popular como la suite Santa Cruz de Pacairuga del venezolano Evencio Castellanos o la Sinfonía India del mexicano Carlos Chávez.
Muchas veces se ha catalogado a Dudamel como una batuta enérgica -que por cierto lo es-, pero después de escuchar sus versiones de dos cumbres sinfónicas como la Suite Nº2 de Daphnis et Chloé de Ravel y El pájaro de fuego de Stravinsky queda claro que además es un director que sabe trabajar las transparencias, los colores y los detalles más sutiles del universo sonoro, en una paleta cromática de magnífica inspiración, logrando momentos mágicos y acaso trascendentales como el finale de El pájaro de fuego.
Seguramente algunos de los presentes en el concierto hubieran deseado escuchar la Séptima de Mahler que esta misma orquesta presenta como repertorio alternativo en otras ciudades de la gira sudamericana; sin embargo, el repertorio que la Simón Bolívar eligió para Montevideo fue contundente para apreciar la versatilidad técnica e interpretativa de los jóvenes venezolanos y el director caribeño.
Esta experiencia musical transformadora y trascendente, fue al mismo tiempo una fiesta estética que el público agradeció largamente con aplauso entusiasta y caluroso. Ante esta demostración de cariño, los músicos agradecieron vividamente con varios "bises": el ya tradicional Danzón Nº2 del mexicano Arturo Márquez; una milonga tocada por maderas, metales y percusión; y el cierre con el emblemático y excepcional mambo de West Side Story de Leonard Bernstein, en el que músicos, director y público cantaron y bailaron por igual.
Los gestores musicales actuales deberían poner especial atención en el siguiente punto: programas como este permiten la captación de nuevos públicos y son una herramienta "seria" para seducir a los más jóvenes a gozar del sinfonismo universal. No es habitual vivir la experiencia de un escenario poblado de más de un centenar y medio de músicos jóvenes tocando con la entrega, el compromiso, el entusiasmo y la perfección con la que lo hacen estos chicos. Son un verdadero ejemplo para cualquier conjunto sinfónico profesional.
LECCIÓN. Sólo la música tiene la fuerza de transformar las vidas con esta contundencia. Es obvio que Dudamel ha sido transformado por ella y la sirve con honestidad y humildad. Al final, ubicado entre sus músicos -debajo del podio- como uno más agradece: el podio queda para la música. Un gesto simple, que se hace significativo y revelador de su ser de director de orquesta. La música ha transformado su vida por medio del Sistema de Orquestas Juveniles creado por Abreu; el "Sistema" le ha enseñado una manera ética de vivirla.