La industria marítima desde hace años está adoptando diversas estrategias frente al cambio climático y esto se ve esencialmente en los cruceros de turismo donde se ha producido una revolución técnica y ecológica: ya están los llamados barcos "green".
Pero desde hace años la Organización Marítima Internacional (OMI) está analizando políticas que conjuguen la eficiencia del transporte sin descuidar la competitividad de las exportaciones de los países en desarrollo.
Hasta mediados del 2000, el total de emisiones de los seis principales gases de efecto invernadero (GEI) aumentó un 70%. El transporte fue el segundo responsable de ese incremento. Según la propia OMI, hasta el 2050 las emisiones provocadas por la navegación podrían aumentar hasta un 3%. Datos de la Agencia Internacional de Energía señalan que, dentro del sector transporte, el 73% de las emisiones corresponden al modo carretero; 12% al aéreo; 10% al marítimo; 3% al transporte por ductos, y 2% al ferrocarril. Pero el transporte fluvial aún está por debajo del ferrocarril como contaminante.
En términos relativos, el transporte por agua es el más eficiente y menos agresivo en función de las toneladas transportadas por kilómetro recorrido.
"Se estima que un portacontenedores (3.700 TEU) consume como promedio 77 veces menos energía que un Boeing 747-400, alrededor de 7 veces menos que un camión de carga pesada y 3 veces menos que un ferrocarril", señala el informe elaborado por la UNCTAD.
Ya existen políticas de mitigación por parte de las marítimas entre ellas se destaca disminuir la velocidad en un 10% que reduce el consumo un 25%, motores más modernos que consumen menos combustible, pinturas especiales que reducen el rozamiento con el agua, y hasta prototipos con paneles solares y velas a bordo para complementar parte de los requisitos energéticos operativos experiencias que ya se están realizando y los puertos aportando lo suyo.
En Estados Unidos, por ejemplo, algunos puertos ya disponen de enchufes para alimentar con energía eléctrica a los buques mientras permanecen amarrados, pudiendo así apagar los motores diesel o a gas y esto es válido incluso para los cruceros con su gran demanda energética hotelera. No es el caso de Uruguay que no tiene electricidad para vender. Pero en la batalla en contra de la contaminación el transporte marítimo-fluvial está ganando la batalla con un destacado aporte.