Italia se juega su futuro como potencia

La hora de la verdad. Silvio Berlusconi aplazó cambios decisivos Para volver a crecer, el país necesita transformaciones de leyes laborales y jubilatorias Requiere el retorno de los emigrantes talentosos | La deuda pública es enorme; inversores no pueden abandonarla | La hora de la verdad. Directivas de Unión Europea dan cobertura para liberalizar relaciones laborales Bajo Berlusconi se debilitaron las instituciones Los cambios necesarios no tendrían enorme costo

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THE ECONOMIST

Italia debe realizar reformas en el sistema de jubilaciones y el ámbito laboral, así como ajustar su política económica para volver a crecer. Los años de gobierno de Silvio Berlusconi han aplazado varias decisiones cruciales.

¿Qué tienen en común los siguientes países: Madagascar, Bahamas, Kiribati, Togo, Brunei, Saint Kitts y Nevis, la República Centroafricana, Haití, Costa de Marfil, Liberia, Eritrea y Zimbabwe? Sus economías tuvieron peor rendimiento que la de Italia en la última década, en términos de crecimiento per cápita. Este no es el tipo de compañía que Italia está acostumbrada a tener, pero a menos que se sacuda del letargo en que se encuentra, quizás tenga que acostumbrarse a comparaciones nada elogiosas.

Berlusconi ha sido la figura dominante de la política italiana durante 17 años, más de la décima parte de la vida de Italia como nación. Atribuirle demasiado crédito o culpa por la situación actual significa exagerar el poder de un hombre, aún de un magnate que usó su dinero para crear su propio partido político, y que alcanzó el cargo electivo más alto del país y lo usó para preservar sus intereses. Si Italia es un paciente con algunas quejas peculiares, Berlusconi es más síntoma que causa. De cualquier manera, en cierta medida ha hecho al país a su imagen. Si bien hace bromas sobre vivir mucho más allá de los 100 años, a los 74 está en el crepúsculo de su carrera. En fecha reciente, insinuó que se retirará en 2013. ¿Qué dejará detrás?

Cuando inicialmente accedió al cargo de premier, en 1994, su mensaje fue simple. Usaría sus habilidades empresariales para poner a Italia en marcha y se inspiraría en su propio ejemplo: el chico trabajador que sobresalió al estudiar Derecho y construyó un imperio comercial, demostrando que el sueño americano puede hacerse realidad en Italia. "Cuando estoy decaído, pongo las manos en los bolsillos y salgo a caminar por Milano 2 -uno de sus proyectos de desarrollo inmobiliario-, dijo Berlusconi, hace tiempo a un periodista. "Recuerdo cuántas personas estaban en mi contra. Tenían una maquinaria burocrática y política perfecta destinada a impedir, a prohibir, a demorar y a perjudicar".

Hay un lado positivo a todas esas omisiones: el insuficiente rendimiento reciente de Italia deja lugar para enormes mejoras con un esfuerzo pequeño.

El pobre desempeño económico es prueba suficiente de su fracaso para barrer con esa maquinaria. Una mirada retrospectiva indica con claridad que nunca tuvo la intención de hacerlo. En su ascenso, Berlusconi fue un beneficiario demasiado grande de ese amiguismo político y burocrático para verlo como su enemigo: el cambio clave a la ley que permitió que su cadena de televisión trasmitiera con alcance nacional, fue hecha por el ex primer ministro Bettino Craxi, quien era padrino de uno de los hijos de Berlusconi. El premier ha demostrado de manera reiterada que no es liberal en economía. Sin embargo, ha sido persistente para llevar a cabo la segunda parte de su promesa: la inspiración por medio del ejemplo. En 2001, Una historia italiana, una breve historia de Berlusconi, fue distribuida a 15 millones de hogares. El héroe del relato de un empresario brillante y buen padre de familia que llegó desde la nada para alcanzar gran éxito y ahora está decidido a devolverle algo a su país.

Pese a todos los juicios por soborno y fraude, así como el que se desarrolla en estos momentos por haberle pagado a una prostituta menor de edad, alrededor del 30% del electorado lo apoya. Nando Pagnoncelli, de Ipsos, indica que son desproporcionadamente ancianos y mujeres que viven en pequeños poblados. Miran mucha televisión y casi no leen diarios. Muchos de ellos no creen que haya nada de verdad en las acusaciones contra él.

OBSESIÓN. Los logros de Berlusconi en el gobierno no impresionan, si se tiene en cuenta el poder de que ha gozado. Un motivo es que los intereses de negocios y problemas legales han absorbido su energía y lo distraen del gobierno. En elecciones locales realizadas el mes pasado en Milán y Nápoles, el partido de Berlusconi tuvo un resultado desastroso. La declinación refleja la amplia percepción de que un político que en otros tiempo proclamó que era capaz de superar a la burocracia y lograr que las cosas se hicieran, ahora está empantanado en una batalla personal con la Justicia, lo que se ha convertido en una obsesión para él. Su nivel de aprobación creció después del sismo en L`Aquila, hace dos años, en el que se condujo bien, pero luego cayó cuando la acción que prometió no se concretó. El centro de esa ciudad todavía está vedado a propietarios de inmuebles y residentes. Y las promesas siguen. En una reciente visita a Lampedusa, la isla abrumada por el arribo de refugiados del Norte de África, declaró que ese reseco lugar se convertiría en una nueva Capri y anunció que compraría una mansión allí.

"Berlusconi tiene inclinación patológica por complacer a otras personas; necesita de su afecto", indica Giuliano Ferrara, editor de Il Foglio (diario financiado por Berlusconi), presentador de un programa de entrevistas en la RAI y fue ministro, por breve periodo, en el gobierno. Esa actitud afecta la manera en que toma las decisiones. "Berlusconi da respuesta afirmativa a todo y el ministro de Economía, Tremonti, tiene que decir que no", señala otro ex miembro del gabinete, que piensa que el premier causó daño a Italia, aunque igual lo describe como "encantador, con magnetismo y una de las personas más inteligentes que he conocido".

El defecto fundamental del estilo de gobierno es que, con frecuencia, confunde los intereses privados con los públicos. Esto es obvio cuando usa el poder de su cargo para protegerse de la competencia extranjera en sus negocios o de los fiscales. Pero, también ha definido la reciente política exterior de Italia. Como principal proveedor de cascos azules a las operaciones de mantenimiento de la paz que realiza Naciones Unidas, Italia tiene una buena historia para contar, aunque las dos posiciones más claras en los últimos años han sido determinadas por las amistades de Berlusconi. Durante mucho tiempo, Italia ofreció apoyo sin cuestionamientos a Muamar Gadafi, en Libia. Ahora, cambió de postura, pero Berlusconi ha dicho en privado que llora por el coronel. Italia también asumió una postura extraña hacia Rusia, aprovechando cada oportunidad para apoyar al amigo y colega de Berlusconi, el primer ministro Vladimir Putin. "Hasta el Ministro de Relaciones Exteriores admite que no tiene influencia sobre Berlusconi en lo que respecta a Rusia", escribió el autor de los cables que envió la Embajada de Estados Unidos en Roma y que fueron difundidos por WikiLeaks, el año pasado.

El legado de Berlusconi será de seguir debilitando las instituciones que, para empezar, no eran fuertes y una mayor tolerancia ante conflictos de intereses que dañan. Quince años de asaltos verbales a las Cortes italianas han dejado a muchas personas creyendo que el sistema legal es una conspiración de izquierdistas fanáticos que intentan socavar al gobierno. Berlusconi y quienes le apoyan han respaldado esos ataques al afirmar, falsamente, que él nunca fue procesado y que nunca había enfrentado dificultades con la Justicia antes de ingresar a la política. En 1990, Berlusconi fue procesado por falso testimonio, pero evitó ir a la cárcel sobre la base de un tecnicismo. En varias ocasiones ha sido salvado por vencimiento de plazos. Mientras, las reformas que se necesitan para que Italia crezca han sido aplazadas.

ALENTADOR. Sin embargo, hay un lado positivo a todas esas omisiones: el pobre desempeño reciente de Italia deja lugar a una enorme mejora con relativamente poco esfuerzo. La mayoría de las reformas que el país necesita introducir para poder ponerse en marcha son pequeños ajustes a la política económica que no tendrían gran costo. Un buen comienzo sería la reforma de las leyes laborales. En su libro Un nuevo contrato para todos, Tito Boeri y Piero Garibaldi han delineado que esto podría hacerse mediante un contrato único para todos los trabajadores, con privilegios que aumenten por etapas. La Comisión Europea y sus directivas de mercado único proveen abundante cobertura política a Italia para impulsarla hacia una mayor liberalización. Los políticos deberían aprovecharlo al máximo. Quizás, algún día, los votantes los premien por esos valientes.

Esas reformas serán resistidas por los pequeños sindicatos de trabajadores, aunque el cambio no es imposible, como lo ha mostrado una serie de cambios en el sistema de jubilaciones aplicado por gobiernos de diferentes tendencias políticas entre 1992 y 2009. Son considerados un modelo para el resto de Europa, debido a que aumentan la edad de retiro y la indexan a la expectativa de vida. El gasto de Italia en jubilaciones comenzará a disminuir pronto desde su alto nivel actual. La Comisión Europea espera que el gasto en jubilaciones en Italia como proporción del PIB disminuya 0,4% entre 2009 y 2060, mientras el gasto la totalidad de la eurozona crecerá 2,7% del PIB.

Al empujar a tantos de sus ciudadanos más talentosos hacia el exterior, Italia ha creado un valioso recurso de emigrantes con experiencia útil que podrían tener un impacto enorme en la vida nacional si retornaran. Una pequeña ciudad llamada Catanzaro, en Calabria, en fecha reciente fue testigo de una fascinante campaña por la alcaldía que enfrentó a Salvatore Scalzo, de 27 años, quien retornó a Italia después de estudiar relaciones internacionales en Holanda y tuvo breve periodo de trabajo en la Comisión Europea, en Bruselas, contra Michele Traversa, de 64 años, del Polo de la Libertad. Si bien perdió por amplio margen, Scalzo estremeció a un lugar que no es conocido por tener una actividad política competitiva, haciendo indeclinable campaña a través de Twitter y Facebook y reuniendo fondos online. Si este caso se multiplicara miles de veces, se pondría a prueba la resistencia al cambio de Italia.

A FAVOR. Pese a todas sus peculiaridades, Italia tiene muchos aspectos admirables. Es un país rico, pacífico, civilizado que no se siente como estando en crisis. Su presidente, Giorgio Napolitano, logra flotar serenamente por sobre el caos político y usa su cargo, en gran medida honorario, para contener algunas de las payasadas más extravagantes de los políticos electos. La Constitución se ha mantenido increíblemente fuerte bajo este bombardeo. El Banco de Italia es una gran institución en un país que no tiene muchas. Su presidente, Mario Draghi, puede ser un gran líder del Banco Central Europeo. Italia tiene muchos militantes contra la mafia que han arriesgado sus vidas para mantener vibrante la antigua tradición italiana de activismo cívico.

Como pueden atestiguar cuarenta y dos millones de turistas extranjeros por año, es un lugar divino para visitar. En su corta vida como nación, Italia ya se ha reconstruido varias veces. Sin embargo, en las últimas décadas, ha vivido por los últimos fulgores de un milagro económico que finalizó en la década de los `70. Podría seguir así de manera más o menos indefinida, siendo cada vez más pobre y vieja, pero igual logrando continuar con bastante confort. Por el momento, eso parece lo más probable. Pero, el país necesita desde hace tiempo otro despertar como el que condujo a la unificación hace 150 años.

Un país que no crece, pero ayuda a rescatar a otros

ROMA | Hace dos años, pareció que Italia era el siguiente en la fila de los países que estaban ante la opción de aceptar la cesación de pagos o un rescate. El ratio de deuda bruta-PIB llegó al 119% en 2010 y su pobre desempeño económico sugirió que podría resultarle difícil pagar a todos los tenedores de bonos. Sin embargo, había construido suficiente credibilidad como para salirse con la suya. Desde 1992 hasta que la crisis golpeó, el gobierno ha tenido superávit presupuestales primarios (antes del pago del servicio de la deuda) y las finanzas públicas de Italia se deterioraron menos que en la mayoría de los países de la eurozona, gracias a grandes reducciones del déficit presupuestal. Ningún banco italiano quebró y en lugar de tener que prosternarse ante el Fondo Monetario Internacional o la Unión Europea, Italia se convirtió en uno de los mayores contribuyentes al rescate financiero de las economías europeas en dificultades.

El rosado panorama de la economía italiana descansa en dos supuestos que solo son medias verdades. El primero es que Italia es una economía impulsada por las exportaciones, al igual que Alemania. Sin duda, hay muchos exportadores italianos exitosos como son los nombres famosos de Benetton, Prada y Ferrari. Pero, eso no convierte a Italia en campeón de las exportaciones. Contrariamente a Alemania, ha registrado un déficit en cuenta corriente todos los años desde 1999 y déficit en la balanza comercial desde 2005. Italia tiene la sexta mayor base industrial del mundo, pero Gran Bretaña, que es descripta con frecuencia como un país industrial débil, exporta más autos que Italia.

El segundo supuesto es que un alto nivel de ahorro doméstico, que tiende a ser invertido de manera conservadora en deuda del gobierno o colocado en cuentas bancarias, aísla a la economía de problemas. El FMI estima que el 47% de la deuda del gobierno italiano está en el exterior.

Un argumento mejor para la robustez de Italia es que su deuda pública es tan vasta que los inversores no pueden abandonarla: los bonos del tesoro italianos constituyen el tercer mayor mercado de bonos del mundo. Los inversores que quieren exposición a bonos denominados en euros, no tienen muchos lugares más adonde ir. Esta aparente fortaleza tienen sus riesgos, especialmente por ser vulnerable a un sostenido aumento de las tasas de interés. Cada punto porcentual de aumento en los intereses cuesta a Italia 1% adicional del PIB en servicio de deuda, una perspectiva aterradora para un país que no crece. THE ECONOMIST

La cifra

30% Pese a los problemas en varios sectores y a los escándalos en que se vio envuelto, el 30% de los italianos apoya a Berlusconi.

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