por Martín Aguirre
"No es que antes no hubiera habido más de una gafe, pero en el mes que termina la cadena errática pareció larga, y hay quienes advierten que el presidente se está embarcando en un complicado aislamiento". Este párrafo alarmante no proviene de algún medio "de derecha", u opositor, como gustaba decir el expresidente Vázquez. Por el contrario, es extraído nada menos que del semanario Brecha, uno de los que más apoyó la candidatura de Mujica, y deja bien claro el momento complicado que vive hoy el segundo gobierno frentista.
Es que mayo ha sido un calvario para el partido de gobierno, y no por acoso de la oposición o por problemas importados de fuera, sino por medidas y palabras del propio presidente que han sacudido las aguas internas del Frente Amplio a un nivel difícil de prever.
El debate por la Ley de Caducidad le generó a Mujica un choque abierto con el Partido Comunista, el Nuevo Espacio, y otros sectores de la coalición. La propuesta de cambios impositivos al agro lo enfrentó con sectores rurales, con el ministro de Ganadería, y (en forma menos pública) con el Ministerio de Economía. Su intervención en temas del fútbol dejó en "falsa escuadra" al ministro Lescano. Y como si esto fuera poco, sus últimas palabras en referencia a la eventual venta a privados de tierras incluidas en la reserva del Cabo Polonio, con un razonamiento del más puro cerno capitalista, fue como clavar una aguja en el corazón sentimental de muchos simpatizantes de la izquierda.
Y tampoco es que la cosa viniera demasiado bien para el mandatario. Una encuesta de la empresa Interconsult publicada a principios del mes pasado reveló que la popularidad de Mujica bajó 9 puntos entre marzo y mayo de 2011. Suma así una caída de más de 30 puntos en poco más de un año de gestión, y si hay algo que casi ningún politólogo se animaría a rebatir es que con la cadena de episodios mencionados, los guarismos seguramente sean bastante más bajos en la próxima medición.
"En el último año, no hemos visto otra cosa que la erosión del liderazgo presidencial y de la imagen de Mujica", decía días atrás el analista Adolfo Garcé. Y el ex director del Instituto Cuesta Duarte del Pit-Cnt, Ruben Villaverde, sostenía que "estamos en una situación de riesgo que veo con mucha preocupación". "Si no administramos estas tensiones correctamente vamos a tener una difícil convivencia entre quienes acordaron una fuerza política con las características del FA". Ahí parece estar la clave de este momento del oficialismo.
Es bueno recordar que el Frente Amplio tiene mayoría propia en el Parlamento, pero es una mayoría frágil. A partir de la casi expulsión del senador Saravia de la coalición, y de las pujas internas entre sectores, la capacidad del gobierno de aprobar leyes sin necesidad de acordar con la oposición se ha visto muy disminuida. Algo que se encargó de dejar en claro esta semana el senador Rafael Michelini, en unas declaraciones que generaron una tormenta en el seno del Frente Amplio.
"Este episodio del aumento impositivo al agro es un capítulo más de otros que nadie ha vivido con alegría. Ni que vengan con la certificación ISO 9000 estarán los votos". No conforme con esto, el dirigente del Nuevo Espacio afirmó que "la cabeza del gobierno nos ha desconcertado a mí y a muchos frenteamplistas". "La improvisación, el titular de prensa y aquello de que lo digo y total no pasa nada, nos está erosionando. Para esa forma de hacer política, los votos no estarán automáticamente. Son muchísimos los frenteamplistas que me dicen a diario: `Che, paren la mano`".
Una cosa es verdad. El estilo y las salidas de tono de Mujica son parte integral de una forma de actuar que ha sido clave para generar el fabuloso capital político que llevó a que su partido lo ungiera para aspirar a la Presidencia. Pero lo que se está viendo es que ese estilo se adapta mal a un cargo ejecutivo y de tanta exposición como el de Presidente. Y que lo que muchos ciudadanos veían con simpatía antes, empieza a resultar incómodo ahora.
Así, mientras la imagen de Mujica cae en forma vertiginosa, y mientras la unidad del oficialismo comienza a crujir ante el tironeo de los distintos sectores, son muchos los que levantan la vista y se preguntan dónde está Tabaré Vázquez. Pero la situación del expresidente tampoco es sencilla.
Su estudiado "plan retorno", que incluía un año sabático, y un paulatino regreso a la arena, se ha visto sacudido por los problemas del gobierno actual. Ya se vio forzado a dar un paso en falso con su irrupción en el debate sobre la Caducidad, en el que debió dar varios giros para no aparecer como contradiciendo a su sucesor, a la vez que buscaba ubicarse como punto de referencia para los inconformes. Un protagonismo demasiado visible de Vázquez en estos momentos, puede ser mal visto por el entorno de Mujica, con quien la relación nunca fue del todo fluida a partir de ciertos conflictos en la época en que el hoy presidente era ministro de Ganadería, y del recordado reto en ocasión del "Pepe coloquios".
Pese a todo esto, la realidad indica que el Frente Amplio sigue siendo la fuerza electoral más poderosa del país. Y que la oposición no consigue representar una amenaza demasiado contundente para su hegemonía política. Pero también es real que el panorama de hoy, cuando aún restan tres años de gestión de José Mujica, luce mucho más complejo y cuesta arriba de lo que se hubiera imaginado cualquier dirigente frentista tan sólo unos meses atrás.
La frase I.
"La disciplina la hizo añicos la cabeza del gobierno. Por meses trabajamos en la Caducidad y terminó en un papelón general, que nos lastimó a todos. (Rafael Michelini)
La frase II.
"En dos semanas haber afectado a cuatro ministros no es buena ruta, no crea confianza hacia la sociedad ni hacia adentro". (Esteban Valenti).