MATÍAS CASTRO
Cuando Michael Douglas llevó, hace algunos días, a su hijo a la escuela, se encontró con varios fotógrafos que lo estaban esperando. ¿Qué buscaban? Nada, solamente documentar el momento y vender las fotos a revistas de chismes. Más o menos por los mismos días la actriz Jennifer Love Hewit no pudo evitar ser fotografiada y que su silueta diera pie a rumores de embarazo. En Argentina, Pampita dijo hace unos días "Hay gente que no la está pasando bien y hay que respetarlos", en alusión al drama de Juana Viale y la pérdida de su embarazo; mientras que Jorge Rial dijo que lamentaba lo que pasaba con Viale pero que no se sentía responsable de nada.
Todo esto tiene que ver con uno de los mayores temas que han aparecido en estos días. Y no es el drama de Juana Viale ni los hijos de Michael Douglas. Es el de la brutal arremetida que practican los paparazzi cuando hay un famoso delante y, en particular, cuando hay uno que vive un mal período.
El jueves pasado los fotógrafos que estaban apostados en la puerta del hospital donde estaba internada Juana Viale chocaron con los guardaespaldas que cuidaban el lugar a la salida de Mirtha Legrand. El incidente no fue simpático ni agradable, así que no vale la pena defender a los de seguridad. Pero tampoco a los periodistas y fotógrafos que se tiraron sobre la conductora. Las versiones pueden variar (los patovicas golpearon primero o los periodistas provocaron), pero el resultado fue uno solo y tiene que ver con el acoso de la prensa. O más bien, tiene que ver con la falta de respeto a la intimidad. "Hay que respetarlos", dijo Pampita, repitiendo lo que la propia Viale había solicitado tres semanas atrás. Por supuesto que a esta altura es un pedido inútil. Tan inútil como puede ser arrojarse sobre Mirtha Legrand para que diga "Estoy muy dolorida porque mi nieta perdió su embarazo". ¿A quién le sirve una declaración así? A nadie. Sin embargo la prensa compite ferozmente por conseguir palabras como esa y otras más huecas.