ISLAMABAD | ANSA
Al menos 23 rebeldes islámicos murieron ayer en bombardeos en el noroeste de Pakistán, mientras finalizaba la visita al país de la secretaria de estado norteamericana, Hillary Clinton, quien pidió "pasos decisivos" en la lucha contra el terrorismo.
Los milicianos fueron abatidos en los distritos de Orakzai y Kurram, en la frontera con Afganistán, por cazabombarderos paquistaníes que atacaron bases islámicas y destruyeron instalaciones antiaéreas.
Clinton dijo, al término de su viaje a Islamabad, que la red Al Qaeda, aún tras la muerte de su jefe máximo Osama bin Laden, el 1° de mayo, "todavía es una amenaza". Por ello, es necesario "multiplicar esfuerzos para contrarrestar el extremismo y el terrorismo", estimó Clinton, e indicó que esto debe hacerse a un nivel regional internacional.
La funcionaria llegó a la capital paquistaní para una serie de diálogos con autoridades políticas y militares.
Para Pakistan, "llegó el momento de hacer elecciones difíciles y hacer más", insistió la funcionaria. Juntos, Estados Unidos y Pakistán tienen el deber de "desmantelar, derrotar y destruir" a Al Qaeda, subrayó.
Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos carece de pruebas de que Pakistán conociera el lugar donde se encontraba Bin Laden, declaró la secretaria de Estado. "No hay ninguna prueba de que alguien del máximo nivel supiese sobre la presencia de Bin Laden" en Pakistán, señaló.
Juzgó su visita como "particularmente importante", pero agregó que "es necesario reconocer juntos que hay todavía mucho trabajo que hacer y que es urgente".
Por su parte, los talibanes paquistaníes desestimaron ayer que se propongan atacar el arsenal atómico de su país, al declararse conscientes de que "Pakistán es la única potencia nuclear islámica". El portavoz del movimiento Tehrik-e-Taliban Pakistán, Ehsanullah Ehsan, declaró a Wall Street Journal que los temores que EE.UU. dijo sentir sobre la seguridad nuclear en el país son una "excusa" para presionar a Islamabad para una acción más enérgica contra los talibanes.