Camaleón

Según Tabaré Vázquez, "el hombre es dueño de sus silencios y preso de sus palabras". Dejando de lado el error en la cita (se dice "esclavo" y no "preso"), hay que señalar que el ex presidente no respetó esa consigna que le espetó a los periodistas ansiosos por preguntarle sobre los vaivenes en torno a la ley de caducidad.

Justamente, acerca de esa ley, caracoleó varias veces sobre si mismo inclinándose hacia un lado para después volcarse hacia el lado opuesto sin dar mayores explicaciones.

Para empezar, en su discurso de asunción de la presidencia en marzo de 2005 anunció de manera solemne su voluntad de no anular la ley de caducidad lo cual levantó fuertes protestas entre algunos sectores del Frente Amplio. Durante la mayor parte de su mandato mantuvo piadoso silencio al respecto hasta que cerca de las elecciones de 2009, en vísperas de la consulta popular, trocó sorpresivamente su posición y se manifestó partidario de la anulación. Después, ante el resultado adverso logrado en el plebiscito, al igual que otros gobernantes consideró que el tema había sido laudado por la gente.

No se detuvo ahí. Un par de meses atrás, en unas recordadas declaraciones volvió a cambiar de postura al reclamar otra vez la anulación de la ley. Lo hizo con una frase que resultó muy criticada: "las mayorías no siempre tienen razón". Sin embargo, pasaron sólo unas pocas semanas para que el país asistiera, atónito, a la última voltereta de Vázquez sobre el tema, quien se sumó a José Mujica para pedir que no se anulara la ley.

Como se aprecia, nada más lejos de Vázquez que sentirse prisionero de sus palabras. Por el contrario, como el camaleón, cambia de colores según la ocasión.

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