Genio joven ante el maestro

| Reto. La estupenda actriz de 26 años hace "Detrás de un vidrio oscuro" de Ingmar Bergman

 20110522 474x600

Cuando Mark Romanek estaba eligiendo el elenco para su versión cinematográfica de la novela de Kazuo Ishiguro "`Never Let Me Go`` in 2009, los productores le dieron un consejo: "Contrata al genio, Mulligan.``

Se referían a Carey Mulligan, la casi absurdamente talentosa joven actriz británica, que estaba haciendo una temporada de ocho semanas con la Atlantic Theater Company en la producción de Through a glass darkly, la puesta en escena teatral del film de Ingmar Bergman Detrás de un vidrio oscuro (1961).

Mulligan, que cumplirá 26 años a fin de mes, obtuvo su insignia de genio con notoria rapidez y mayormente gracias a la fuerza de dos de sus papeles: como adolescente que tenía un romance con un hombre mayor en Enseñanza de vida, por la que obtuvo una nominación al Oscar a mejor actriz en 2009, y como Nina en la producción de Ian Rickson de La gaviota de Chejov, que llegó a Broadway en 2008 luego de triunfar abrumadoramente en Londres.

No le robaba estrictamente el "show" a la espléndida y vulnerable Arkadina de Kristin Scott Thomas, pero otorgó tanto poder y vitalidad a su papel, sugiriendo a la vez la juventud y la profundidad de la ambición de Nina, que fue uno de los grandes motivos por los que muchos críticos hablaron de la mejor Gaviota en mucho tiempo. "Se pueden ver dos o tres Ninas como ésta en una vida", dijo David Leveaux, el director de Through a glass darkly. "Es como abrir una ventana directamente al corazón del texto".

En estos días Mulligan se encuentra prácticamente en la cumbre de su carrera cinematográfica. Apareció hace poco en Wall Street: el dinero nunca duerme y ha sido contratada para encarnar al personaje de Daisy en la versión de Baz Luhrmann de El gran Gatsby. Pero el papel de Karin en Through a glass darkly ha sido el trabajo teatral que más la ha excitado, incluso sin haber visto nunca la película, protagonizada por una dulcemente vulnerable Harriet Andersson, una de las "habituales" de Bergman, que encarnaba a una esquizofrénica que se iba internando en la locura.

Como lo observa Mulligan, la película tiene extrañas semejanzas con el argumento de La gaviota (en las dos hay una joven escritora que trata de llamar la atención de un padre distante, y Karin, como Nina, es asediada por gaviotas) y es también una de las más teatrales obras de Bergman. En algunos aspectos la película es realmente más teatral que la adaptación de Worton. Hay solamente cuatro personajes (un padre, su hijo, su hija y el marido de ella) y la acción transcurre en 24 horas en una remota isla durante una típicamente bergmaniana vacación de verano: pocos baños de sol y grandes dosis de culpa, desesperación, compulsiones sexuales y frustración, más un toque de incesto y contemplación del abismo.

"Sé que es algo infrecuente de hacer", reconoce Neil Pepe, director artístico del teatro Atlantic. "Pero soy un fanático de la obra de Bergman, tanto en cine como en teatro, y esta película siempre me fascinó porque es una obra temprana no solamente sobre la enfermedad mental sino sobre una familia disfuncional, como solo Bergman es capaz de imaginarla".

Mulligan reconoce: "Leí el libreto y pensé `No tengo idea de cómo hacer esto. ¿Por dónde empiezo?` Realmente me excitó, porque no tiene sentido hacer algo que no te asuste".

Algunas escenas de Enseñanza de vida, con una Mulligan esbelta y de piernas largas en un vestido ajustado y un peinado alto, le recordaron a muchos espectadores a Audrey Hepburn, pero en persona se parece más a Kathy H., el personaje que interpretó en Never let me go: directa y sin vueltas. Su hoyuelo, tan atractivo en Enseñanza de vida, ha desaparecido, y en más de un aspecto parece haber crecido más allá de su edad.

También parece un poco sorprendida por su propio éxito. A diferencia de muchas de las asombrosas actrices británicas de su generación, Mulligan no tiene una formación clásica, ni proviene de una familia relacionada con el teatro como su amiga Keira Knightley. Como el personaje de cuentos para niños Eloise, creció en un hotel o más bien en una serie de ellos (su padre era un ejecutivo de la cadena InterContinental), y al principio sus padres contemplaron con cierta desconfianza que ella emprendiera una carrera como actriz.

Mulligan consiguió su primer papel importante encarnando a la tímida y con una tendencia a la risa tonta Kitty Bennet de la versión cinematográfica de Joe Wright de Orgullo y prejuicio (2005), en parte gracias a la intervención del actor Julian Fellowes, también libretista de Gosford Park, a quien se acercó luego de que hablara en su escuela, y que rápidamente la ayudó a destacarse, especialmente en la adaptación de la BBC de Bleak house de Dickens, y en un par de obras teatrales en el West End.

"Se ha hecho a sí misma", dice el director Leveaux. "Es odioso hacer comparaciones, pero uno las hace. He dirigido a muchas actrices, y a quien me recuerda inmediatamente es a Vanessa Redgrave. Tiene la misma inquietante habilitad para moverse en la frontera entre la mera lectura de un texto y el comienzo de la actuación, y uno nunca ve el salto".

Director: No quiere hacer comparaciones pero dice que Carey es Vanessa Redgrave.

Cine: La actriz vive un momento de gloria: será la protagonista del nuevo "El gran Gatsby".

Cercanías y diferencias entre teatro y cine

En la variante cinemato-gráfica de Detrás de un vidrio oscuro, el descenso de Harriet Andersson hacia la locura es lento y gradual. Mulligan, más volátil y complicada, parece a veces más bipolar que esquizofrénica, pasando de un modo a otro escena tras escena. "Hay que encontrar las razones de por qué ella es como es, más allá de la genética y los específicos motivos médicos que puedan existir", explica la actriz.

"La argumentación del personaje se resume en algo así: puedo permanecer en este mundo donde lastimo a la gente y la hago infeliz, y no soy amada ni puedo amar de manera adecuada. O puedo irme de este mundo al otro, donde se me puede adorar. De modo que desconfío un poco de toda esa historia de locura. Creo que ella explica razonablemente por qué prefiere estar del otro lado en lugar de éste".

El director Leveaux advierte, riendo: "No se trata de otra Hedda Gabler, poblada de fantasmas. No es el tipo de obra de teatro que la gente está acostumbrada a ver. Sin ponerme evangélico al respecto, pienso que a Carey le gusta empujar los límites acerca de la manera en que las mujeres deben ser retratadas sobre el escenario". Los dos, agrega, quisieron evitar que la obra quedara atrapada en una caparazón de afecto por Bergman. Por eso trataron de ser más específicos acerca de las causas de la enfermedad de Karin y de situarlas en el contexto de sus relaciones con su familia.

"Carey es muy disciplinada en su búsqueda de la verdad", afirma el director. "Uno casi puede escuchar cuando ella encuentra el tono para vibrar. Ése es su gran poder, pero debemos enraizarlo en algo que sea fundamentalmente comprensible".

Esta clase de actuación exige mucho a sus intérpretes, agrega. "Es costoso, muy costoso", dice, señalando lo realmente cansada que lucía Mulligan luego de una de las primeras representaciones. Y agrega: "Ella no está alborotando de aquí para allá. Es un poco como interpretar a uno de los griegos, aunque no tenemos la misma cantidad de gritos".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar