EL PAÍS DE MADRID
Osama bin Laden, el hombre que mantenía en alerta permanente a los servicios de inteligencia de medio mundo, era también un padre de familia, preocupado por aportar a la yihad sangre propia. En sus 54 años de vida tuvo una veintena de hijos de cinco esposas, a los que arrastró a una existencia extrema.
¿Cómo ha encajado la muerte del terrorista más buscado en sus familiares directos? La escritora Jean Sasson, que ayudó a uno de los hijos de Osama, Omar, a escribir su libro "Crecer como un Bin Laden", dice que la familia está viviendo horas de duelo y no quiere conceder entrevistas. Tampoco ella quiso responder a las preguntas.
A juzgar por las declaraciones de algunas de sus esposas y de uno de sus hijos, Osama bin Laden jamás se despojó, ni siquiera en privado, de esa coraza integrista que mostraba en sus intervenciones públicas. Su vida familiar estuvo supeditada siempre a las exigencias militares de la gran cruzada emprendida desde los años noventa contra Estados Unidos y la cultura occidental.
Con la mirada puesta en ese objetivo, concertó matrimonios políticos para sus vástagos -casó a una de las niñas con un hijo del líder talibán mulá Omar y en 2001, a su hijo Mohamed, entonces de 19 años, con una niña de 14, hija de uno de sus más estrechos colaboradores, Mohamed Atef- y los obligó a compartir su destino, sin que la mayoría se rebelara.
Hasta el final, la vida de la familia de Osama fue de privaciones y sobresaltos, sin ninguna de las comodidades que él mismo, nacido en una familia multimillonaria de Arabia Saudita, había tenido en su infancia y primera juventud.
El destino de la mayor parte de sus familiares directos ha estado marcado por las decisiones radicales de este hombre autoritario. A partir de los atentados del 11-S, el apellido fue un lastre para los Bin Laden -la familia, con todos sus allegados, suma unas 600 personas-, dueños del Saudí Binladin Group, una corporación con intereses que van desde la construcción -con la principal empresa del ramo en el mundo islámico- hasta la telefonía o las bebidas analcohólicas. Y una condena para las esposas y los hijos del enemigo número uno de Occidente.
Su primera mujer, su prima siria Najwa Ghanem, con la que se casó a los 17 años (ella tenía 15) en 1974, y con la que tuvo 11 hijos, lo siguió a Sudán y Afganistán. Allí tuvo que afrontar las condiciones durísimas de la vida en las montañas de Tora Bora (Afganistán), adonde llegó en 1996, embarazada de su décimo hijo. Najwa ha contado que vivía sobresaltada por las serpientes que merodeaban por el lugar, en un libro escrito en común con su hijo Omar, el cuarto de los habidos con Osama.
Ese volumen de "Crecer como un Bin Laden", publicado en 2009, describe a Osama como un padre fundamentalista decidido a fortalecer a fuerza de pruebas extremas el carácter de sus hijos, algunos de los cuales todavía no se han recuperado psicológicamente de esa etapa de constantes exámenes.
Pese a la riqueza familiar y a los lujos de la mansión de Yeda (Arabia Saudita) donde nacieron sus primeros hijos, Osama no les permitía tener juguetes ni tomar refrescos, ni consintió que se los tratara con medicinas cuando estaban enfermos. Omar bin Laden cuenta que su padre los obligaba a realizar extenuantes excursiones por el desierto, sin agua, en un brutal intento de prepararlos para la vida de privaciones que les esperaba.
El cuarto hijo de Osama bin Laden ahora tiene 30 años y se ha pronunciado de una forma más rotunda que sus hermanos contra el ideario terrorista de su padre.
En el libro que redactó cuenta las dificultades de convivir con él, especialmente a partir de la llegada a Sudán, a principios de los años noventa, donde el futuro líder de Al Qaeda empezó a rodearse de algunos de los que luego serían sus principales lugartenientes. Gente brutal, según Omar, que se divertía matando a algunas de sus mascotas, el único bien que poseía en la vida austera de Jartún.
Omar salió de Afganistán en vísperas del 11-S con su madre y los dos hermanos más pequeños, presumiblemente con destino a Siria, horrorizado por la marcha que iban tomando las cosas y la radicalización cada vez mayor de su padre. Osama pretendía que sus hijos se apuntaran también a misiones suicidas. El antagonismo de Omar con Osama era ideológico, pero siempre sintió respeto y afecto por su padre, asegura en su blog.
Es difícil saber cómo se desarrollaba la vida íntima de Osama con sus esposas y sus hijos, dispersos hoy entre Qatar, Siria, Arabia Saudita y Pakistán. Según declaró una de sus mujeres a un semanario en lengua árabe de Londres, Osama vivía frugalmente en Afganistán con sus esposas instaladas en modestas viviendas. "Dos tenían casa en Kandahar. Otra en Kabul y la cuarta en Tora Bora", relataba la joven.
El líder de Al Qaeda solía visitar una vez por semana a cada una de sus mujeres y nunca hablaba de los golpes que planeaba. Mientras preparaba los atentados del 11-S, el líder de Al Qaeda se ocupaba también de proyectos de construcción en colaboración con otra firma y llevaba una vida frugal, alimentándose con yogures, miel y dátiles.