Sebastián Da Silva
Lo habitual en Uruguay es culpar al gobierno de turno cuando la cosa viene mal y adjudicarse méritos propios, no gubernamentales, cuando el viento trae buenas noticias en la economía.
Quejarse sin asumir culpas propias, o por el contrario, creerse el ombligo del mundo en la época de las vacas gordas, no es para mí. Yo no sostengo ni que Jorge Batlle tuvo la entera culpa de la crisis del 2002, ni que los uruguayos renacieran de las cenizas en forma espontánea desde el 2005 para acá. Todo tiene múltiples explicaciones, honesto es reconocerlo. Ahora bien, dejando el plano económico de lado, hay errores, horrores y hasta negligencias que tienen nombre y apellido y que por su particularidad son de entera responsabilidad de quienes nos gobiernan, donde el paso del tiempo y el tendal de secuelas que deja, agiganta aun más la indignación popular.
Pensemos por un momento en lo que estamos viviendo: por primera vez en la historia del Uruguay, hay un atraco de bancos por quincena. Nuestra sociedad pareciera acostumbrarse a que en las noticias policiales, además de las tantísimas situaciones de inseguridad, también se informe sobre asaltos a bancos, algo que hace meses estaba reservado solamente para los estrenos cinematográficos.
Otra patética situación y que increíblemente esta concatenada a los robos bancarios, son las fugas de menores en los locales del INAU. Indignan tanto las explicaciones, las excusas, como la falta de reacción de las autoridades que balbucean cuando algún periodista lo pone en aprietos.
Matemáticamente, después de una fuga se confirma que los fugados participan en estas nuevas modalidades delictivas, mientras nadie se hace verdaderamente cargo del problema. El Ricky, el Talibán, el Malala y otros alias son los que alimentan la leyenda de la problemática juvenil, cuando en realidad es la probada incapacidad del Frente Amplio la que después de miles de diagnósticos, sigue escribiendo informes. Mi propuesta es mandarlos a la Isla de Flores; estos malandras estarán libres y nosotros también, lejos de tanta palabra barroca y tanta parafernalia justificativa. Esta solución es más efectiva que cualquier plebiscito y de ahí, estoy seguro que no se escapan. En este contexto uno imagina que la fuerza política que está en el poder, estaría abocada a encontrarle una solución y sacar a Montevideo de esta situación de "Far West", pero en vez están dedicados a discutir, debatir, y acaparar la atención pública sobre hechos dolorosos que pasaron hace 40 años, y que tienen dos sanciones populares categóricas.
Ni la familia del taxista asesinado, ni la del guardia del banco muerto a balazos, ni la de cientos de compatriotas que fueron esta semana víctimas de situaciones de violencia, siendo desmedidamente ultrajados sus derechos más humanos, merecen tanta desidia de parte de un gobierno que ocupa más del 75% de su tiempo útil en pensar cómo encontrar culpables del pasado, probablemente muertos, mientras los culpables de hoy estarán acechando alguna esquina para seguir amedrentándonos.
La escala de prioridades del F.A. es tan evidente como la inseguridad de nuestras calles.