Nuevo uruguayo

Sebastián Da Silva

Por estos días están pasando un comercial de televisión por cable que pretende resumir algunos de los cambios coyunturales que nuestra población esta recibiendo. Muestra la evolución de aquel pacato oriental gris y conservador, a un uruguayo nuevo más optimista, más arriesgado y hasta moderno.

Este acierto publicitario refleja sin dudas parte de la evolución que hemos tenido co-mo sociedad desde la crisis del 2002. Nadie discute la explosión de consumo que hubo durante estos años, ni tampoco la muy buena performance nacional en el área productiva.

Lamentablemente existe un paralelismo entre esta hipotética prosperidad con otras aristas de nuestra sociedad que también muestran a otros nuevos uruguayos. Del plasma, el 0 km en cuotas y el viajecito a las cataratas pasamos a un enorme cambio en determinados valores que históricamente nos han distinguido.

Vemos lo que pasa en algunos liceos, donde los profesores cansados de tantas angustias y amenazas deciden no dar más clases. Los que profieren estos improperios son gurises de primero y segundo de liceo, es decir unos mocosos que a lo sumo pesaran 60 kilos. En las aulas no hay respeto, no existe conducta y menos aprendizaje. El esfuerzo de querer actualizar los programas o los millones que se han mal destinado al sistema educativo, no funciona si el elemental respeto hacia quien es la autoridad se invierte radicalmente. Este fin de semana entre tanta explosión mediática de bodas reales, beatificaciones y muertes de terroristas, también conocimos otro nuevo asesinato por la espalda entre barritas de muchachos que terminan solucionando los temas a balazo limpio.

En los barrios mas humildes las bocas de pasta base las administran familias que conscientemente destruyen a los hijos de sus vecinos con tal de poder acceder rápidamente a algún bien material, y donde caminar pacíficamente por la vecindad es imposible sin tener que dar el peaje al rastrillo de cada día.

Podemos poner algunos otros ejemplos, la teoría del derecho adquirido, tan frecuente entre la lógica de los empleados públicos, la violencia con que amedrentan a las mujeres para limpiarle los vidrios en algún semáforo, o la nueva ilusión de nuestros jóvenes que mayormente añoran ser jugadores de fútbol para salir adelante.

Ninguno de estos temas tiene una sola causa, hay miles de diagnósticos de nuestra tecnocracia pública e internacional que pretenden justificar estos cambios de valores. Pobreza, marginación, violencia doméstica, infantilización de la pobreza, son términos habituales en la retórica justificativa. Lo que no se escucha en los teóricos de la justicia social es trabajo, esfuerzo, conducta, educación, límites, etc.

Seguir haciendo la vista gorda, con plata dulce nos va a llevar a que en un momento, la lógica de las Maras centroamericanas esté instalada, la brecha entre los educación pública y privada sea tridimensional, y el respeto hacia los mayores no exista ni en el Gusano Loco del Parque Rodó.

Hablaremos nuevamente de otra generación perdida, con un poquito menos de hambre, pero más ignorante y con championes Nike.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar