Demandante, como debe ser". Ese fue el comentario del presidente José Mujica al salir del acto por el 1° de mayo que tuvo lugar en un gimnasio deportivo de Las Piedras. Sin embargo, quienes vieron los discursos de los capitostes sindicales por TV, o peor aún, soportaron la bizarra cadena nacional del Pit-Cnt, no vieron mucha demanda. Por el contrario. Lo que se vio fue una defensa cerrada del gobierno y críticas a ya lejanas gestiones de otros partidos. Pero más allá de las exóticas percepciones del presidente, la andanada de palabras de los burócratas sindicales dejó mucha tela para el análisis.
Lo primero que chocó fue que una central que se supone debe defender los derechos de los trabajadores por encima de cuestiones políticas, se introduzca sin medias tintas en un tema delicado como el de la Ley de Caducidad. Y lo que es peor, de qué manera. El coordinador de la central, Edgardo Oyenart, en un tono agresivo y apelando a insultos y agravios, llamó a un paro y a acudir al Parlamento el día de la votación. Lo cual lleva a preguntarse, ¿por qué un dirigente sindical se siente con derecho a decirle a un poder democrático lo que tiene que hacer? ¿Por qué hay que seguir escuchando a estos jerarcas gremiales, que cuando concurren a elecciones con sus minúsculos partidos no logran más que apoyos marginales, hablarle con ese tono de prepotencia al resto de la sociedad?
Lo segundo que genera asombro es la falta de rigor con que se manejan algunos conceptos por parte de quienes tienen responsabilidades en el Pit-Cnt. Por ejemplo el dirigente comunista Juan Castillo afirmó que "el 20% de los extractos más ricos de nuestra sociedad se apodera del 50% de la riqueza que genera el conjunto de nuestros compatriotas. En el otro extremo, el 20% más pobre apenas debe sobrevivir con el 5%". Decir que alguien se "apodera" de la riqueza de otro, en un país libre y democrático como Uruguay, solo cabe en una cabeza afiebrada por revenidos conceptos ideológicos de probado fracaso en todo el mundo. Y acerca de la distribución de la riqueza, es bueno recordar que un reciente estudio de la Cepal señala que en nuestro país en los últimos años la clase media ha crecido en forma importante, y sobre todo a expensas de la clase alta. Las cifras señalan que estos sectores medios entre 1990 y 2006 pasaron de representar un 53,4% a ser el 64,7% de la sociedad. Por el contrario, la "clase alta" se redujo en el mismo período del 43,2% al 27,9%. ¿Entonces?
Un tercer punto a analizar es esa obsesión de los gremialistas por convencer al resto de la sociedad de que el trabajador sólo logra mejorar sus condiciones de vida mediante la "lucha". Y su visión de que el mundo feliz es uno lleno de fábricas "que echan humo", donde un obrero ingresa a una empresa casi que para el resto de su vida. La cosa cada vez va menos por ahí, y más por un camino en el que el trabajador es independiente, libre para cambiar de ocupación, y donde la garantía de progreso personal está por el lado de la capacitación y el manejo individual, y no por la lucha colectiva. Como ejemplo citemos que en Uruguay un obrero de la construcción sin experiencia gana unos 60 pesos por hora, mientras ese mismo obrero en un país como Estados Unidos, donde no existe un Sunca, ni hubo nunca negociación colectiva, cobra casi 250 pesos por la misma hora de trabajo.
Pero lo que más choca de los discursos del pasado domingo es el grado de complacencia, cuando no de complicidad, con el actual gobierno. Lejos de las arengas inflamadas del pasado, de las diatribas a gobernantes tan legítimos como los de hoy, las palabras de los jerarcas gremiales estuvieron cargadas de una dulzura capaz de empalagar a cualquiera. Algo que no sorprende cuando se ve que muchos de esos capitostes gremiales mantienen una doble ocupación, como dirigentes de la coalición oficialista. Y que llega a incomodar cuando se escuchan palabras como las del diputado del MPP, Álvaro Vega, que el mismo domingo sostuvo que "el Pit-Cnt hasta que nosotros llegamos al gobierno era un fantasma, no existía". "Hoy tiene afiliados como nunca en la vida, porque hemos favorecido la formación de sindicatos en todos lados". Como para tener en cuenta.