Todo vale

GUSTAVO PENADÉS

El tema de las últimas semanas es "El" video. Afirmaciones, desmentidos, idas y venidas girando en torno a la existencia, del video. Si lo vio o no lo vio, si lo tiene o lo tuvo. Todo el país mira como el Presidente se metió en un lío del que no está saliendo bien y del que el Partido Nacional no tiene la responsabilidad. Al contrario: la tuvo manteniendo reserva y dejando como corresponde en manos del Ejecutivo el manejo del asunto.

También en estos días debutó la tesis de que las mayorías en una democracia no siempre deben ser obedecidas. En realidad, la idea de que un grupo de personas se considera a sí misma depositario de un poder y de una capacidad de discernimiento superior y diferente al del común, a la vez que dotada del derecho de imponer sus criterios, no es nueva ni original. Por algo, una preocupación central en la construcción teórica y práctica de la democracia en el mundo y en el Uruguay pasa por procurar un sistema en el que la decisión legítima de la mayoría sea aceptada y acatada por la minoría. En Uruguay la novedosa tesis aludida ya la vimos parcialmente aplicada cuando la intentona de revolución armada de los 60 y la dictadura de los 70.

Muchas personas se preguntan si vale la pena tratar estos asuntos. Argumentan, que en el país existen problemas que exigen urgente solución y que los dirigentes políticos deberían priorizarlas sin perder tiempo en esas cuestiones. Son razonables esas preguntas. La vida de la enorme mayoría de los uruguayos no pasa ni por el video ni por la teoría política. Las preocupaciones pasan por el estado del local de las escuelas 29 y 30 y las condiciones de seguridad de la casona del Liceo 11. Las preocupaciones son las de quien abre el comercio temiendo por su vida; y otras pequeñas y grandes cosas, algunas felices y otras no tanto.

A esas interrogantes debemos responder que existen situaciones y cuestiones ante las que no se puede permanecer indiferente porque tienen directa relación con las bases de nuestro sistema democrático republicano de gobierno, y con los derechos y garantías de los ciudadanos.

¿Es aceptable que se afirme que las mayorías en democracia no son importantes? Si ese principio se da por bueno: ¿podrá mañana cuestionarse el indebido comportamiento de un funcionario que retenga a una persona en la comisaría porque le da la gana? ¿Se le podrá reprochar la inconducta cuando dirigentes principalísimos del FA aceptan como buena doctrina que las mayorías pueden desconocerse porque no les gusta lo que deciden? ¿El respeto a la Constitución y a la Ley dónde queda?

Si se puede desconocer un plebiscito, que puede quedar para una ley. Peor aún que esos disparates es el hecho de que la sociedad va perdiendo capacidad de asombro porque, en definitiva, todo vale. Gobernantes jugando con cuestiones serias y ex gobernantes jugando con principios democráticos que ni siquiera los dictadores se atrevieron a desconocer. Nada cambiará por una actitud ni por una acción concreta, pero cuando se van sumando y se reincide, los límites se van desdibujando y la sociedad se va acostumbrando a cualquier cosa.

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