GUILLERMO ZAPIOLA
Toda buena historia de acción, misterio o aventura tiene que tener un villano interesante. La inminente precuela de los "X-Men", que se estrenará próximamente, ha sabido elegir al actor adecuado. Su nombre es Kevin Bacon.
Una de las razones por las cuales el equipo de producción de la franquicia de X-Men tuvo que apelar a una precuela es que casi todos sus personajes principales se le murieron en la tercera entrega de la serie central, y ello complicaba la posibilidad de cualquier continuación. El reciente ejemplo de Star Trek, que apuntando a un público mayoritariamente adolescente decidió retroceder a la juventud de la futura tripulación de la astronave Enterprise sentó el modelo. También X-Men-First Class, retrocede a los comienzos del más famoso grupo de mutantes del cómic.
La acción se ubica a comienzos de los años sesenta, cuando el todavía joven científico Charles Xavier (luego convertido en Profesor X) decide poner en funcionamiento una escuela para mutantes y gente con superpoderes, y cuenta para ello con la ayuda de su amigo Erik Ehnsherr, quien más tarde se convertirá en el malvado Magneto pero todavía no ha revelado sus tendencias autoritarias y antihumanas que terminarán transformándolo en el villano que todos sabemos. Allí se encontrarán algunos personajes conocidos (Xavier, Magneto, Mystique) con otros de duración más breve. Algunas omisiones resultan obvias: esta es una historia sobre gente que era joven en 1963, de modo que no puede estar Wolverine, de quien en una película anterior ya se nos dijo que tiene cerca de doscientos años.
El elenco reúne gente interesante: Xavier es el joven británico James McAvoy (Expiación y otras), la excelente Jennifer Lawrence (candidata al Oscar por Lazos de sangre de Debra Granik) encarna a uno de los principales personajes femeninos, y también están January Jones, Michael Fassbender (como Ehnsherr), Zoe Kravitz (hija del cantante Lenny Kravitz), Oliver Platt y varios más.
Uno de esos "varios más" es justamente Kevin Bacon, a quien han debido adjudicar el trabajo de villano mayor desde que, todavía, Magneto milita en el bando de los "buenos". La acción transcurre en tiempos de la Guerra Fría, y Bacon es Stanley Shaw, un mutante que integra el Club Hellfire. El nombre del grupo evoca a una famosa asociación de libertinos y perversos del siglo XVIII británico, pero se trata de un grupo que trabaja para la Unión Soviética en momentos en que está por producirse (o ya se produjo) la crisis de los misiles en Cuba en 1962, e inconscientes de ambos bandos están jugando con los botones de los misiles con cabezas nucleares. La capacidad de Shaw consiste en absorber energía ajena y canalizarla en su propio beneficio, con notorio peligro para sus enemigos. No es buena cosa que milite en el bando contrario.
El guión ha sido escrito por Jane Goldman, Ashley Miller, Jamie Moss y Zack Stentz, sobre una historia de Bryan Singer, director de los dos primeros films de la saga, de la que se separó luego para hacer Superman regresa y Operación Valquiria. El director es Matthew Vaughn, un hombre que viene de Inglaterra, de la televisión y fundamentalmente de la producción, pero que hizo también algo de cine, incluyendo la fantasía heroica con puntas de parodia El misterio de la estrella (2007), y la más directamente paródica Kick-ass, una comedia sobre superhéroes sin poderes de la que ya se viene también una secuela.
Kevin Bacon, que ha estado trabajando sobre todo para producciones independientes y no había pisado un gran estudio desde hace más de diez años, cuando hizo para Paul Verhoeven El hombre sin sombra, reconoce que le encantó su personaje de malvado superpoderoso. Le interesa la idea de que su personaje crea realmente que forma parte de una raza superior. Ve en ello todo tipo de nociones de tipo fascista y racista, y la inhabilidad de llevarse bien con seres que no son iguales a uno.
A su juicio, Shaw tiene mucho de norteamericano y de "self made man". Proviene de Pennsylvania, una región acerera, y su padre tuvo una muerte terrible. Los otros niños abusaban de él, y siempre tuvo un deseo muy fuerte de no dejarse avasallar. Hizo su primer millón de dólares a los 30 años y su primer millón de millones a los 40. Si a eso se añaden sus facultades mutantes, se entiende que crea que absolutamente nada puede detenerlo.
Bacon se declara como un hombre a quien le gusta ir de un lado a otro en términos de género, tamaño de las películas, tamaño del papel y presupuestos. "No limito mi experiencia basándome en que solo quiero hacer películas independientes o películas de cómics", explica. "Tomo las cosas como se van presentando", dice también.
El actor confiesa igualmente que Matthew Vaughn es un director que le inspira confianza. Le encantaron sus películas Kick-ass y Layer cake. Afirma que se trata de un cineasta muy minucioso en su preparación de un rodaje, atento al guardarropa, los peinados, las luces, los sets, las tomas. Pero, al mismo tiempo, "no es alguien a quien le gusta hacer toma tras toma tras toma". Cuando ha logrado la que quiere lo sabe de inmediato. Algunas veces, sostiene, lo logra en solo dos tomas. Eso es poco usual para un director que hace este tipo de películas.
"Eso me encanta", reflexiona Bacon. "Al menos que haya algo, si voy a hacer más de tres tomas, no voy a hacer exactamente lo mismo dos veces. Creo que si ya hice la toma de una manera y estuvo en foco, ¡entonces déjenme hacerlo de otra manera distinta!"
Ventajas iniciales de ser el malvado
En opinión de Kevin Bacon, la principal diferencia entre su personaje y el de Charles Xavier (el futuro profesor X) es que este último cree realmente que es posible que los mutantes y los humanos trabajen juntos. En cambio, Stanley Shaw se hace muchas menos ilusiones con respecto a la raza humana, y desarrolla un plan que Xavier aprecia inmediatamente como peligroso. De ahí que Xavier termine colaborando con la CIA (todavía con la ayuda del futuro Magneto), mientras Shaw, en cambio, requiere alguna ayuda de "el otro bando". Por otra parte, el actor considera que ser un villano es divertido. Se trata de la gente que disfruta de las cosas buenas de la vida: cigarros, whisky, mujeres bonitas y trajes elegantes. El Bien puede ser, en cambio, un poco aburrido.