Ricardo Reilly Salaverri
La violación del mandato artiguista de respeto a la soberanía popular avanza. El proyecto de ley derogatoria de la llamada ley de caducidad, unánimemente considerado por catedráticos especializados de las más diversas opiniones políticas como una flagrante violación a la Constitución, camina hacia su aprobación en Diputados, por una mayoría robótica que ¿sustenta? al gobierno del Presidente Mujica. Y, el Presidente, una vez más, desdiciéndose y ausente de capacidad de mando dentro -como les gusta llamar- de su "fuerza política", anuncia que le pondrá el "cúmplase" al engendro.
Al desconocimiento legal del mandato del pueblo emitido en dos oportunidades, suma la ausencia de sustento ético el recordar que el primer pronunciamiento se produjo apenas instalado el primer gobierno presidido por el Dr. Julio María Sanguinetti. En 1985, cuando quienes votaron eran generaciones que mayoritariamente tenían claro lo que había significado, algo más de 12 años atrás, la demolición de la nacionalidad por el comunismo (que tenía un aparato armado y fue asociado expreso por motu proprio del desborde militar). También, el asalto terrorista y sangriento del leninismo a la República; los crímenes horrorosos cometidos en nombre del establecimiento virtuoso de una dictadura castrista; las razones que habían llevado a la participación de las Fuerzas Armadas para combatir el delito (cuando como hoy los delincuentes habían desbordado a la Policía), y la caída de las instituciones democráticas en el marco de una dinámica política definitivamente salida de cauce. O sea, que especialmente aquel pronunciamiento partió de ciudadanos que tenían generalizado conocimiento de la causa de los padecimientos que en su tiempo agobiaron al país, hasta que se superara el límite final de la legalidad.
Se regodea la felonía con tales ausencias.
El mérito del último mandato del pueblo, más reciente, está en que se integró con una voluntad popular mayorita- riamente compuesta por personas que apelaron a la inteligencia. Porque buena parte de quienes hacia principios de los años 70 del pasado siglo tenían 20 o más años, cuando las últimas elecciones nacionales y plebiscitarias, habían falleci- do. Y, pese a la distorsión de la Historia reciente, a la transformación de las aulas de enseñanza pública en barricadas imbecilizadas por la mentira hecha dogma ("la subversión nació para combatir a la dictadura militar"), y del desarrollo de una cultura popular mercenaria al servicio de quienes hoy gobiernan, la Nación renovada se pronunció contra el pasado paralizante, por la cordura y el futuro.
En el marco de los hechos, hoy surge una rara negociación revisionista reservada, con trascendidos pactos iniciáticos, entre algo que se autocalifica como "bandos" enfrentados ayer. Para quienes no portamos jamás en la vida un arma, y que solo tenemos ideas de Libertad a las que servir, acá lo que hubo fue una democracia atacada criminal, traicionera y alevosamente por el marxismo y una fuerza armada que cumplió su deber dentro de la legalidad, hasta que un día se apartó de ella.