Edward Norton saltó a la fama cinematográfica componiendo a un tartamudo. Lo hizo tan bien que se ha especializado en personajes extraños, y por eso aquí es afónico. Claro que al margen de esa ronquera también es un criminal, ha estado ocho años en la cárcel y trata de convencer a Robert De Niro para que le otorgue la libertad anticipada. Su plan se valdrá de cualquier maniobra, aunque no conviene adelantar el entretelón matrimonial que forma parte de esa simulación. Dispuesta a demostrar que la vida no es cosa fácil, esta película agrega culpas del pasado, devoción religiosa, elementos sobrenaturales, comportamientos tramposos, momentos de pesadilla y mujeres intrigantes.
No falta nada. O mejor dicho, lo que falta es agilidad de narración para que la historia no se atasque, y falta sobre todo precisión en el libreto para obviar ramificaciones barrocas o escenas irrelevantes. En manos del director John Curran, casi todo resulta difuso y a veces contradictorio, a medida que Robert cae en la trampa de Edward, un hecho agravado por el contenido improbable de algunos diálogos o la vaguedad en el diseño de personajes, cuya conducta suele desmentir lo que declaran. A veces el espectador tiene derecho a preguntar para qué se hacen ciertas películas o cómo las celebridades se embarcan en ellas, y la respuesta más razonable es que también en Hollywood la gente tiene que ganarse la vida.
La revelación
ficha
EE.UU. 2010. Título original: Stone. Dirección: John Curran. Guión: Angus MacLachlan. Fotografía: Maryse Alberti. Montaje: Alexandre de Franceschi. Intérpretes: Robert De Niro, Edward Norton, Mila Jovovich, Frances Conroy.
atención a...
el detalle de pegarle un lunar en la mejilla derecha al actor que encarna a Robert De Niro en su juventud. Ese esmero no se extiende a otros aspectos del relato.