Tres viñetas

El Frente Amplio está a punto, y en condiciones, de consumar en nuestra sociedad uno de los peores daños que es posible infligir a una democracia: desconocer la voluntad plebiscitaria que la ciudadanía ha expresado nada menos que en dos ocasiones separadas entre sí por diez años, con el agravante que la última de ellas se produjo no hace aún dos años. Es decir, no se trata de algo ocurrido hace tiempo, protagonizado por una generación desaparecida ya, sino por hombres y mujeres de hoy, de aquí y de ahora, conocedores directos de la realidad en la que viven. Así, Juan Pueblo queda ignorado y la Constitución de la República resulta pisoteada. Sólo aparece una débil luz de esperanza al término de este túnel de oprobio para nuestro proceso democrático: al Presidente Mujica se le presenta una oportunidad única de proyectar una imagen dignísima en su historia personal y en la nacional. Puede, en efecto, hacer jugar el mecanismo del veto presidencial para frenar este disparate jurídico, cívico y moral. Aunque haya dicho que no vetará lo aprobado por el Parlamento, ¿desaprovechará el exguerrillero esta ocasión de figurar como defensor de las normas constitucionales?

Otra viñeta relacionada, en la forma, con el mismo tema: la inseguridad es tan evidente en la vida cotidiana del país y la cuota de responsabilidad de la franja de menores de 18 años es tan alta que el senador Bordaberry está recogiendo firmas -y diversos líderes colorados y blancos lo apoyan- para que la ciudadanía se pronuncie a fin de rebajar la inimputabilidad a 16 años. Este eventual plebiscito tendría lugar en 2014.

Más allá de las controversias que pueda generar tan delicado problema, interesa destacar, con criterio estrictamente realista, que, desgraciadamente, el mecanismo plebiscitario propuesto es absolutamente aleatorio. Porque, en efecto, ¿qué garantías existen para asegurar que se ha de respetar la voluntad popular que se emita si ya el Parlamento sentó un precedente en contrario? ¿O es que, en adelante, tendremos que llegar al colmo de lograr, previamente a su realización, que todos los partidos -o las mayorías consiguientes- se comprometan a respetar sus resultados?

¿A qué se ha reducido el sacrosanto imperio de la Constitución?

La tercera viñeta, por último, se vincula con la inseguridad pero no con los plebiscitos. Está representada por las expresiones del diputado socialista Julio Bagno que constituyen una clara muestra de su peligrosidad ideológica. Para dicho legislador, "sólo habrá seguridad cuando termine la dominación de una clase sobre otra". A mayor abundamiento, "la lucha de clases terminará con la inseguridad".

Su bola de cristal debe tener un buen costado empañado. Porque asimilar, identificar la delincuencia con la sociedad burguesa refleja una unilateralidad sorprendente y un rechazo a un tipo de sociedad que es, en definidas cuentas, la ejecutora y responsable de la civilización moderna.

Sin embargo, algo de razón asiste al mencionado legislador. De acuerdo con su concepción política, la sociedad burguesa sólo puede ser sustituida por la sociedad imaginada por Marx y Lenin.

Y allí es donde radica su relativo acierto, porque en los países regidos por dicha ideología no hay delincuencia (callejera).

Hay, sí, corrupción, nepotismo, amiguismo, hay despotismo en las cúpulas, en los mandos medios y en los bajos. Hay prepotencia policial. Hay represión constante. En todos ellos reina "la paz de los sepulcros", como se dijo de la Varsovia dominada por el invasor.

Rechazamos, entonces, la sugerencia del diputado Bagno. Exige pagar un precio incompatible con nuestra esencia democrática. Lo instamos a que no intente vendernos un tipo de régimen que ya es cosa juzgada por la historia, dada su negatividad sin excepción alguna.

Hay otros caminos para superar el problema de la delincuencia. Nuestro país sabe encontrarlos.

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