Mujica acierta cuando declara que la anulación de la Ley de Caducidad afecta la unidad nacional. Pero agrega que no la va a vetar, porque no le gusta el veto. Dice encontrarse en un dilema "entre las decisiones que tomó nuestro pueblo y la decisión del Parlamento que aparece como enmendando el resultado de los plebiscitos". El dilema es falso. El verdadero está en lo que no quiere hacer y lo que debe hacer de acuerdo al compromiso de honor que asumió de "guardar y defender la Constitución". Y ésta en su artículo 82 le dice que la soberanía radica en la Nación, y que en los casos de iniciativa popular y referéndum, la ejerce directamente, y decidiendo, el Cuerpo Electoral, no el Parlamento.
Póngale el pecho a las balas, Presidente. No se arrugue. Enfrente.