La Teja: policía en ómnibus y a pie patrulla liceos y escuelas

Seguridad. Atiende casos de drogas, agresiones y robos

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RAÚL MERNIES

Un policía comunitario monitorea a pie las entradas y salidas de escuelas y liceos de La Teja y Nuevo París. Conciliadores diálogos con vecinos, alumnos y docentes, además de mucha suela gastada, forman parte de su rutina diaria.

Daniel Escobar camina mucho todos los días. Se sube a varios ómnibus, detiene decenas de motos y "cachea" sospechosos a cada rato. Su celular no para de sonar y los problemas no dejan de aparecer; siempre anda solo.

Al igual que el resto de los policías comunitarios de Montevideo, no tiene moto, patrullero ni ningún otro vehículo. Si las distancias son demasiado largas para hacerlas a pie, o el tiempo apremia, se mueve de un lugar a otro en ómnibus.

Sus recorridos diarios, entre las siete de la mañana y las cuatro de la tarde, se dividen en dos partes. Hasta las 10:00 de la mañana atiende casos de violencia doméstica, y desde las 10:30 en adelante se dedica a custodiar las cercanías de las escuelas y liceos de la zona.

En la Seccional 19°, sobre la calle Carlos María Ramírez, once policías comunitarios se dividen en dos turnos. Daniel Escobar, de 26 años y seis de servicio, es uno de ellos, y el único encargado de atender los centros de estudio de La Teja y Nuevo París.

El viernes, El País acompañó a Escobar en su recorrida por un colegio y dos liceos de La Teja. "Es complicado porque todos salen y entran a la misma hora, entonces es imposible cubrirlos a todos", cuenta mientras camina, bajo la lluvia, hacia la parada del ómnibus que lo llevará a uno de los liceos.

En lo que va del año, la oficina comunitaria de La Teja ya recibió más de 1.000 denuncias de violencia doméstica, problemas vecinales, maltrato infantil o a personas mayores, entre otros casos.

El jueves, por ejemplo, el sargento Leal, jefe de Escobar, tuvo que atender a una chica que acudió a la comisaría comunitaria junto a su madre tras pelearse con otra compañera del liceo por "un novio".

El número de celular de Escobar está colgado en las carteleras de los seis centros de estudio que vigila. Alumnos, maestros, profesores y padres lo pueden llamar para solicitarle ayuda o relatarle alguna irregularidad.

El jueves Escobar no fue a la salida del San Francisco, su recorrida incluyó otros centros. En su ausencia un alumno fue rapiñado en la parada del ómnibus. Le robaron el celular, la mochila, los championes y $ 40.

El viernes, el agente detuvo 12 motos que circulaban de manera irregular (demasiado rápido o sus conductores sin casco) y registró a cuatro sospechosos que caminaban en el lugar o hurgaban basura.

Nueve de los 12 motociclistas tuvieron que continuar a pie, con las motos apagadas, y al final del turno el policía destruyó seis "pipas" de pasta base, de las que se había incautado en los "cacheos".

Una vez que todos los escolares se fueron de la zona (y con dos viajes en ómnibus en medio) Escobar llegó a uno de los liceos de la zona, donde la directora lo recibió con entusiasmo.

La directora relató que el día anterior un exalumno del liceo que ya cumplió la mayoría de edad "se metió de pesado" al centro educativo, la amenazó y dijo que iba a entrar cada vez que quisiera.

La responsable le explicó al policía que este joven, apodado "El Petaca", es consumidor de pasta base y anda todo el tiempo con "El Mandado", un menor que ha atormentado a los alumnos de ese centro en los últimos meses. Escobar tomó nota atentamente y se comprometió a solucionar la situación poniéndose en contacto con el joven y sus padres.

Pero eso no era todo. Un nuevo e inesperado problema de inseguridad surgió en la zona de Escobar. La misma directora le explicó que desde que comenzaron las clases de Educación Física, el pasado lunes, en la plaza de deportes ya hubo tres robos.

"A uno de los chicos le robaron el gorro, a otro lo amenazaron con un arma blanca para sacarle la mochila y a otro le robaron la ceibalita", contó la directora, quien agregó, según la investigación que ella misma había llevado adelante, el responsable es un alumno del liceo que desde hace tres años está en primero, y que ya ha protagonizado incidentes de violencia.

Mientras otro de los grupos tenía clases de gimnasia, tres menores entraron a la plaza, robaron la pelota, amenazaron al docente y la clase se suspendió.

Una vez afuera del liceo, Escobar reflexionó: "Este es un problema nuevo. Ya desarmamos las patotas callejeras, pero ahora hay que ir por la seguridad en la plaza de Deporte". Y siguió caminando bajo la lluvia.

"No puedo pelearme con la gente"

Hubo una recorrida a la que El País no pudo acompañar al policía comunitario Daniel Escobar.

"Voy a reunirme con un director y unos padres, porque un alumno que consume le pegó a un maestro. Lo tenemos monitoreado, pero los padres no creen que consuma", explicó Escobar.

Para proteger la identidad del profesor y del menor en cuestión evitaron que El País pudiera acompañar al policía comunitario en su último recorrido del día.

Escobar ingresó a la Policía hace seis años, cuando su compañera quedó embarazada. Nunca se casaron, pero hoy la familia vive en Casabó.

Su mujer vende comida en un comercio instalado en una estación de servicio.

"Yo no puedo pelear con la gente. Si me pongo perro el objetivo de la policía comunitaria, que es acercarnos a la gente, queda en la nada", reconoce Escobar.

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