JORGE ABBONDANZA
Algunos países viejos son muy jóvenes. Por ejemplo Italia, que durante 2.500 años ha tenido un protagonismo en el mundo occidental y ha sido un eje de ese mundo por antiguas razones políticas, luego religiosas y por último culturales, solo ha estado unificada durante el último siglo y medio. En efecto, hace unos días celebró los 150 años de su consolidación como país, a partir de la fecha simbólica del 17 de marzo de 1861, en que el monarca piamontés Víctor Manuel II de Saboya fue consagrado como rey de Italia. Claro que el episodio es apenas un dato en la formidable cronología italiana, desde que las legiones romanas comenzaron a visitar otros países hasta que Benetton y Armani exportaron sus diseños, probando que Italia ha sabido modificar sus armas hegemónicas.
Esos 150 años son una de las paradojas políticas de Europa, donde la unidad de algunas grandes naciones tiene una vida mucho más corta que su historia. La de España se formalizó hace 500 años, la de Gran Bretaña surgió hace 400 y la de Alemania se alcanzó hace 140, gracias a Bismarck y a su victoria en la guerra franco-prusiana. A veces la unificación es más externa que profunda, porque ciertos regionalismos siguen siendo poderosos, como ocurre con el separatismo vasco o el nacionalismo catalán en el caso español. Esa fragmentación también ha resurgido en ocasión del sesquicentenario de Italia.
Porque Bolzano, en su frontera norte, que había sido una provincia de Austria y donde la mayor parte de la población habla en alemán, recién fue incorporada a Italia hace 92 años, como consecuencia de uno de los discutibles recortes geográficos derivados de la Primera Guerra Mundial. Algunos efectos de esos recortes están hoy a la vista, como la división de Checoslovaquia o la desintegración de Yugoslavia, demostrando que el trazado de las fronteras modernas puede estar divorciado de las raíces históricas y del sentimiento popular. Las autoridades de la región autónoma donde está Bolzano, por ejemplo, se negaron a acompañar el festejo de los 150 años de Italia porque "nos separaron de Austria contra nuestra voluntad", según declararon públicamente.
De hecho, numerosos italianos se sienten ante todo nativos de su región, como sucede notoriamente con los sicilianos, los sardos o los napolitanos, un hecho reforzado por la diversidad sonora de los dialectos locales. En el mantenimiento de la unidad italiana, la Iglesia ha desempeñado un papel más consistente que el Estado, aunque hasta el momento solo ha hablado de secesión algún dirigente de la Liga Norte, ese sector un poco excéntrico de la actual coalición de gobierno. Por ahora, sin embargo, Italia cumple 150 años a pesar de su variedad interna, y el Uruguay -ese país medio italiano- puede sorprenderse pensando que es 30 años más viejo que ella.