Palabras mayores

Ruben Loza Aguerrebere

Al lado de los grandes productores de ruidos (cito de memoria a Eduardo Mallea) la historia se mueve en silencio, y por un cauce más hondo circula la corriente de las almas honestas. Y bien, en estos días se han reeditado libros de cuentos de Borges (a quien todos hemos leído, naturalmente), así como se ha dado a conocer una novela, hasta ahora inédita, de Silvina Ocampo. Una lección de buen gusto.

Hay veces que el lector se deja llevar por las novedades (no está mal, claro) y olvida a los maestros demasiado tiempo. Y si bien sé que Borges está en toda biblioteca, place señalar la reedición de sus libros "Ficciones" y "El Aleph" (RHM).

Las piezas breves de Borges tienen poderosa intensidad especulativa, por lo que, en cada nueva lectura, hallamos siempre algo nuevo. Incluso, todos tenemos nuestra colección de cuentos preferidos del maestro de las letras modernas. Quedándonos solo con estos dos libros, podemos releer: "El jardín de los senderos que se bifurcan", "Funes el memorioso", "El Sur", "El Aleph". Es suficiente. En todos los casos nos encontramos ante relatos sobresalientes, ante los cuales de manera inevitable el lector "sucumbe a la seducción y busca encontrar creíble lo increíble", para decirlo con palabras de Harold Bloom.

El cuento sobre Funes el memorioso, ambientado en Fray Bentos, es más fascinante aun que las veces que lo visitamos; incluso cuando releemos líneas que sabemos de memoria, como, por ejemplo, cuando dice que para reconstruir un día Funes, por su desmesurada memoria, tardaba un día en hacerlo. Volvemos a emocionarnos.

No menos impresionante resulta mirar el mundo desde ese lugar llamado "El Aleph". Borges describe una a una sucesivamente las cosas observadas por el protagonista porque es así el lenguaje, aunque aclara que todas ellas sucedían al mismo momento. Aunque nuestra fantasía no sea tan compleja ni abstracta como la que imaginara el mayor cuentista moderno, volver a leerlo es siempre un acto de felicidad. La poesía y la imaginación se acercan en cada página, en cada línea, hasta la confraternización.

Silvina Ocampo se especializó en el cuento; pero de ella tenemos a la mano esta novela que recién ve la luz, "La promesa" (Lumen/RHM). La historia que cuenta (una mujer cae desde un barco al agua y promete escribir su vida si se salva) es concéntrica y vertiginosa. Honda y sutil, dispersa recuerdos cuyo valor, más allá de la emoción que encierran, radica en el significado que tiene cada momento evocado. Como hacía habitualmente también deja caer cada tan- to un sutil comentario, co- mo: "…cuando un hombre no ama, se vuelve torpe para abrazar".

Definida como "fantasmagórica", por su autora, la novela de Silvina Ocampo discurre con ingenio y una sensual apreciación del lenguaje. Nos seduce al recordarnos (como antes Borges en sus textos) que todo libro bien escrito lleva más tiempo para leer que uno que no lo está.

Porque en sus páginas todo es armonioso. El vuelo y el alcance de su contenido invitan a la lectura más allá de las vigilias.

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