Lo peor del nefasto sistema público-privado de recolección de basura impuesto en Montevideo por la intendencia a través de los hurgadores, es que nadie se preocupa por el vecino que soporta los males de esa afrentosa realidad.
Uno de los peores es el desparramo diario de desperdicios que los hurgadores, los "profesionales" y los otros, hacen junto a los contenedores y que puede verse en cualquier calle de la ciudad.
Quienes tienen la desgracia de vivir junto a los contenedores no tienen más remedio que encargarse a diario de limpiar la calle.
¿Será tan difícil para la intendencia enviar a sus inspectores a controlar y a sancionar a los hurgadores para que terminen con una práctica que nos obliga a todos vivir en un permanente basural?