Decisión equivocada

JUAN ORIBE STEMMER

El ministro de Relaciones Exteriores, al referirse a la designación de nuestro país al frente del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, dijo que quería "recalcar que este compromiso del Uruguay con la causa de los derechos humanos a nivel internacional, que hoy se ve coronado con esta responsabilidad que asumiremos al frente del Consejo, no es más que la contracara del indeclinable compromiso que nuestro gobierno tiene con la vigencia de los derechos humanos en nuestro país".

El ministro es muy audaz al proclamar un vínculo tan directo y estrecho (utilizó el término "contracara") entre la defensa de los derechos humanos en la política exterior del Uruguay y su defensa en la esfera de su política interior.

¿Es prudente pretender exigirle a los demás Estados los mismos altos niveles de protección de los derechos humanos que el Uruguay aplica en su política nacional? Existen argumentos en favor de una política exterior idealista. Pero, en el mundo real, la sensatez aconseja una política de aproximarse a los demás países con pragmatismo, considerando toda la gama de nuestros intereses. Porque, si llevamos aquella tesis, tan candorosa, a su extremo, pronto nos hallaremos muy solos. No es necesario revisar los informes de Naciones Unidas para comprobar que son muchos los países que no respetan los derechos humanos o que ni siquiera comparten nuestra misma visión de ellos. ¿Entonces, no comerciaremos con esos Estados, no les compraremos ni les venderemos productos, no mantendremos relaciones diplomáticas con ellos? Es absurdo.

En la esfera de las relaciones internacionales, lo aconsejable es adoptar una actitud discreta, prescindiendo de declaraciones rimbombantes. Especialmente cuando la política exterior de nuestro país no está exenta de dudas o de ambigüedades.

Así lo demuestra la decisión de la Cancillería de no votar, en el seno del Consejo sobre los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la designación de un relator especial sobre los derechos humanos en Irán. El relator tiene la función de examinar e informar acerca de la situación de los derechos humanos en determinados países y es uno de los procedimientos especiales de que dispone el Consejo para cumplir con su cometido. En la actualidad existen 33 relatores sobre temas específicos y ocho sobre países.

La preocupación por los derechos humanos en Irán no es un tema nuevo. Fue la Asamblea General de la ONU quien le pidió al Secretario General que presentara un reporte preliminar sobre la situación de los derechos humanos en aquel país, en ocasión de la reciente sesión del Consejo de Derechos Humanos. Aparentemente, la Cancillería no tuvo tiempo de examinar el documento antes de resolver abstenerse. Una decisión que nos puso en la confortable compañía de tan notorios defensores de los derechos humanos como son Bahrein, Gabón, Nigeria, Arabia Saudita y Uganda. En cambio, Argentina, Brasil, Chile, Guatemala y Méjico, votaron a favor de la designación de un relator especial, junto con Bélgica, Francia, Noruega, España y Suiza.

Votamos mal y aislados de nuestra región.

"La proclamada defensa de los DD.HH. no se condice con la abstención de un relator en Irán".

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