Guatemala es un país de largas ausencias en la información del mundo actual. No sucedía lo mismo en la pasada centuria, en que frecuentaba las agencias telegráficas para trasmitir las distintas y siempre dramáticas convulsiones de su panorama político, en agitación casi permanente. Parecería que los mayas -apostados detrás de los siglos- estuviesen aguardando el momento de romper el silencio informativo para dar la noticia bien bomba, confirmando su legendario y catastrófico vaticinio sobre lo que habrá de ocurrir en el año 2012.
En verdad, cuando Guatemala tiene algo que comunicar, sale de lo habitual para enterarnos de lo excepcional. En los últimos días, llegó desde allí una novedosa versión referida a la disolución del matrimonio Colom-Torres: si otros fueran los protagonistas, la primicia podría pasar sin mayores comentarios: pero, lo que hay de particular en esta separación, es que quienes la concretan son el primer mandatario -Álvaro Colom- y la primera dama, Susana Torres: y más particular, todavía, es que se divorcian en total armonía... pero obligados por la Constitución de la república caribeña, que establece claramente que los familiares del presidente -hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad- no pueden optar a la máxima jerarquía del gobierno... y doña "Su" aspira a ser la próxima presidenta de la nación. Para seguir adelante con sus pretensiones, la pareja deberá diluirse luego de catorce años de compartir pan y cebolla: seis, ensayando para el matrimonio, y ocho practicándolo.
Ante tal situación, el esposo, en un rango emocionante de amor, se somete al divorcio de la mujer que quiere, para permitirle presentarse como candidata presidencial por el partido "Unión Nacional de la Esperanza" (que UNE con su sigla, pero en realidad separa) en los comicios del próximo septiembre. Ninguno de los dos ha dicho qué harán si ella pierde en la puja por el poder: tal vez vuelvan a juntarse mediante un bis de la libreta matrimonial, retomando sus papeles de felices tortolitos; o acaso, tras quedar liberados por esta decisión de común acuerdo, le tomen el gustito a la independencia y resuelvan continuar en ella. En fin: quienes dirán la última palabra acerca del dúo divorcista, serán los electores.
Sea como fuere, es lamentable el episodio, quien bien podría explicarse con el eslogan quedono sin ningún intento de reservarme los derechos de autor: El amor los UNE: la Constitución los separa. ¡Se llevaba tan bien!... Nunca una riña hogareña; jamás una discrepancia expuesta fuera de tono. Ambos coinciden en la afirmación y se elogian mutuamente: don Álvaro dice de doña Susana, que es un ejemplo de moderación, que no tuvo ocasión de verla alterada en toda la unión conyugal; y doña Susana expresa respecto de él, que toda su vida es un modelo de serenidad, reflexión y tolerancia: en pocas palabras, don Álvaro no es un Colom irritable.