Imágenes recogidas por un viajero sensible

Fotos. Michel Cohen expone en el Zorrilla

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JORGE ABBONDANZA

Las fotos que Michel Cohen expone en el Museo Zorrilla de Punta Carretas, son documentos que el autor ha sabido pescar a lo largo de sus viajes por medio mundo y componen un mosaico de latitudes y culturas muy dispares.

Con la fotografía como lenguaje visual, suele ocurrir que un primer impacto sobre el observador se produzca a través de la calidad formal, cosa que sucede en este caso por una suma de factores. El primero es un generoso empleo del cromatismo, del que Cohen extrae un despliegue por momentos radiante, deteniéndose en el juego de ciertas notas de colores primarios (el turbante espectacular de un indio en primer plano) pero también en las cadencias de un tonalismo mucho más sosegado, como los castaños que mimetizan a un personaje boliviano con el fondo que lo envuelve, y que son la paleta de ese otro mundo. El fotógrafo ha elegido cuidadosamente tales recursos, reflejándolos en los enfoques del paisaje de cada lugar o en el atuendo de las siluetas humanas que lo recorren.

El segundo factor es el carácter del tema seleccionado, que puede tener el atractivo de sus hermosuras naturales y sus contrastes de perfiles o volúmenes para enriquecer la composición de cada pieza, y que en la labor de Cohen delatan el minucioso esmero del encuadre. El tercer factor es la capacidad técnica del responsable, y por lo tanto la calidad del resultado, como pasa en las obras de esta muestra con los grados de luz y sombra que el autor sabe modular embelleciendo (a veces delicadamente y otras veces con opulento relieve) los temas que propone. La selección exhibida incluye imágenes de Bolivia, de París o de la India, entre otras, cuyo denominador común es el eje de la figura humana, en torno a la cual Cohen desarrolla su búsqueda.

Esos habitantes que asoman integrándose al desfile de estos trabajos, pueden tener el aire cosmopolita de sus estampas europeas, la carga étnica de los indígenas del altiplano o el restallante exotismo de los personajes que captó en la India, y que ahora pueblan el muro como un crisol notablemente coloreado por la cámara. El viajero Cohen sabe detenerse con el ojo entrenado y el debido equipamiento ante los congéneres que se cruzan en su camino, pero sabe además registrarlos con la puntería que suele tener un fotógrafo experimentado.

Es cierto que su modalidad confiere más peso al efecto plástico de cada motivo que a la exploración ambiental, al sesgo social, a los significados que pueden replegarse detrás de un enfoque o a sus alcances metafóricos. El interés de su estilo personal está radicado entonces en la seducción exterior de cada tema y quizá por ello gana en encanto visual y en seducción epidérmica lo que pierde en densidad testimonial o en transparencia de lenguaje. Pero esas son las opciones que puede manejar cualquier oficiante en materia artística, y en este caso habilitan por lo pronto el disfrute inmediato del contemplador.

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