Ley que nació mal

La última ley de presupuesto, que los legisladores oficialistas calificaron con ardor como la mejor de los últimos tiempos, nació mal y con mayores defectos que los que quieren reconocerle.

En primer lugar, no incluyó normas que contemplaran la famosa reforma del Estado que vienen anunciando desde hace un tiempo y que sigue reducida a promesas.

En segundo lugar, incluyó una insólita autorización al Poder Ejecutivo de corregir los errores u omisiones que pudiera contener y ahora -cuando no se han cumplido los sesenta días de su vigencia-, se ha propuesto enviar un nuevo mensaje de ley, intentando solucionar los problemas que ha creado con la fijación de sueldos a Ministros y miembros del Poder Judicial.

Como ejemplo, no sirve.

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