MATÍAS CASTRO
Hace un par de años se dijo que Angelina Jolie tenía leucemia. Por supuesto que era todo un invento de la prensa más inescrupulosa, en particular de una revista estadounidense que sin mayor filtro había dado la noticia (o más bien la invención). En ese caso el tema de la leucemia no se apoyaba en nada, ni siquiera en un informante mal informado. Al menos si ahora se dice que está embarazada es porque alguien la notó un poco más gordita. Eso es todo un progreso, teniendo en cuenta los antecedentes.
A partir de eso la idea de su posible embarazo ya ha recorrido todo el mundo y ayer se había convertido en materia de comentarios y de charlas en la fila de la panadería. No deja de ser interesante ver cómo un titular escrito a las apuradas en el otro lado del mundo se transforma en una conversación seria entre vecinas en la sala de espera de un consultorio de Uruguay. Y lo más interesante es que la distancia de un punto al otro fue recorrida por la noticia en cuestión de minutos o de pocas horas.
Pero la cosa se complica si se empieza a investigar qué ha ocurrido en estos días con Jolie y su pareja. La semana pasada la chismosa publicación National Enquirer había publicado que ambos apenas podían lidiar con sus hijos. Aparentemente los compromisos de trabajo se volvían una carga muy pesada para poder criar al mismo tiempo a una guardería completa de hijos multinacionales como los que ellos tienen.
Supongamos que eso y lo del embarazo sean noticias reales y no inventos apresurados. El teleteatro se enreda un poco más y nos da una sola conclusión (siguiendo el hilo de razonamiento de esas noticias): las probabilidades de divorcio aumentan día a día. Claro que esto sería lógico solamente en el contexto que aportan esas hipótesis y no en la realidad más lógica y razonable. Pero lo razonable no suele ser entretenido y, por lo tanto, no vende tanto como un titular que se apoye en este razonamiento: unos gramos de más = embarazo.