En una sugestiva entrevista concedida al semanario Búsqueda, el presidente de la República, José Mujica, sorprendió al admitir que "tienen razón" los que afirman que su gobierno anuncia mucho y hace poco.
La sorpresa devino en estupor cuando, para justificar la inacción de su administración, el primer mandatario dijo que "en este país no te dejan hacer nada".
Razonemos. Si alguien dice que en Uruguay no se puede hacer nada simplemente porque a uno no se lo permiten, eso es malo para el país y para quienes vivimos en él. Pero si la misma frase la pronuncia el mismísimo presidente de la República, la afirmación adquiere una inusitada gravedad.
¿Usted se imagina a un inversor potencialmente interesado en Uruguay leyendo que el presidente señala que en este país no se puede hacer nada? Si el presidente, que goza de una altísima popularidad y dispone de mayoría parlamentaria propia en ambas cámaras legislativas, no puede hacer lo que pretende porque no se lo permiten, ¿qué dejamos para el resto?
Vayamos más lejos. ¿Qué es lo que quiso decir el presidente con esta frase? ¿Que el Uruguay se ha vuelto inviable? ¿Que acá no se puede hacer nada, sin importar quién esté en el poder? ¿Que venga quien venga, gane quien gane, hay cosas que nunca van a cambiar? ¿Que él, como presidente, ya se resignó ocho meses después de asumir el gobierno a que algunas cosas ya no se podrán cambiar?
¿Y quién es que impide que las cosas cambien? ¿Es la oposición? No parece. De hecho, el presidente ha encontrado más resistencias en sectores del propio Frente Amplio que en los partidos tradicionales a la hora de encarar las reformas de fondo. ¿Es entonces el Frente Amplio el que pone el palo en la rueda e impide avanzar? ¿Es todo el Frente Amplio o algunos sectores, como el Partido Comunista, que reclama en el gobierno como si fuera de oposición? ¿Acaso tienen algunos sectores tan minoritarios del Frente Amplio tanta fuerza como para dejar a un presidente inerte?
¿O se trata de los sindicatos? ¿Acaso el presidente esperaba una reacción diferente de los gremios una vez que esbozara siquiera la posibilidad de terminar con algunos privilegios que la propia izquierda les ayudó a ganar en los últimos años? ¿De verdad pensaba Mujica que, con él en el gobierno, se terminarían los paros y las ocupaciones, bajaría la conflictividad y el país viviría una fase de paz laboral? ¿De verdad creyó que hablar de reformar el Estado era lo mismo que hincarle el diente a una reforma de verdad como la que se necesita? ¿Tan mal calculó el presidente lo que se venía como para estar ahora tan resignado?
"Que me den un crédito", dijo Mujica al cerrar esa entrevista. Y el crédito lo tiene el señor presidente. El partido recién comienza. Pero si uno juega resignado, pensando que no se puede, es casi seguro que no se pueda. Y el país necesita que el presidente aproveche sus mayorías para avanzar hacia donde se propone. Si no, ¿qué futuro nos espera?
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