MarÍa Julia Pou
Los uruguayos seremos testigos -una vez más- de un nuevo intento desde el gobierno, de volver atrás las páginas de la historia. Un meandro legislativo para tratar que se interprete una ley que ha sido aplicada durante más de dos décadas, en un país que se pronunció dos veces a favor de la misma. Para el ciudadano común que fue consultado acerca del tema es difícil de entender la insistencia en desviar la voluntad popular mediante una nueva interpretación de lo que creía definitivamente claro y laudado. Para quienes se interesan desde el punto de vista institucional, es evidente que lo que cuenta no es la mayoría dentro del país, , sino lo que la mayoría del Frente Amplio quiere . Este no es un asunto menor. Tengamos presente que la mayoría sólo puede hacer lo que la Constitución permite No es posible -por más mayoría que se detente-, anular una ley. Esa potestad corresponde en exclusividad a la Suprema Corte de Justicia; el Parlamento sólo puede aprobar o derogar una ley. Y no se debe intentar por una vía oblicua-interpretación- lo que no se puede hacer por vía directa .
Para algunos, ésta es una oportunidad perdida de mostrar la tolerancia a las opiniones diferentes que tenemos los uruguayos aun dentro del mismo partido, donde la opinión pública no siempre siguió las rutas preestablecidas por las distintas tendencias políticas, sino que cada uno fue libre de manifestar su pensamiento y también sus sentimientos. Si en algún tema la sensibilidad estuvo presente, fue en éste. Muchos compatriotas que sufrieron todo tipo de violaciones de sus derechos en lo personal o en sus familias votaron en forma diferente en las distintas instancias en que fueron consultados. Unos pudieron sobreponerse al legítimo dolor que sentían y otros prefirieron expresarlo de forma distinta; no hay una receta ni una conducta obligada, para cicatrizar heridas tan profundas. Pero el mundo nos regala hazañas de reconciliación como las que protagonizaron los sudafricanos encabezados por Nelson Mandela. Si alguien tenía cuentas legítimas para cobrar era el admirable "Madiba", que luchó contra el "apartheid" y el racismo y pagó su militancia con largos años de prisión, y tuvo la inteligencia y la sensibilidad para darse cuenta de la necesidad y la oportunidad de hacer de una instancia deportiva de final imprevisible, la ocasión para unir a un pueblo en torno a una ilusión, a un destino y a un presidente. Se trata de un hombre excepcional que en los momentos más dramáticos de su vida no vaciló en buscar inspiración en el poema "Invictus" de William Henley: se lo recitaba a sí mismo y encontraba en él la fuerza para sobrellevar las inhumanas condiciones de cautiverio a que lo sometían. Nos habla Mandela a través de un poema, de cómo a pesar de" las azarosas y negras noches" que sobre él se cernían logró con su "cabeza ensangrentada pero erguida", en un lugar de "cólera y lágrimas" no dejar que el miedo lo venciera. Y termina el precioso poema con una lección para todos: "no importa lo angosto que sea el camino ni lo cargado de piedras que esté la sentencia; soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma"… Cuánta grandeza le infundieron estos versos a Mandela.