La singular muestra de artistas que intervinieron ex calabozos

Instituto. El Espacio de Arte Contemporáneo se vuelve referente fermental

 20110321 460x600

JORGE ABBONDANZA

La muestra colectiva "Delitos de arte", en el Espacio de Arte Contemporáneo (Arenal Grande 1930), que ya tuvo dos instancias de artistas interviniendo en el celdario, genera tal interés que merece ser continuada con otros pasos similares.

En una época de crisis carcelaria como la que vive hoy este país, donde el hacinamiento de los reclusos se suma a los motines y ocasionales fugas, resulta irónico que los grandes establecimientos penitenciarios del pasado montevideano se hayan desafectado para transformarse en centros de esparcimiento o de divulgación cultural. Puede tratarse de shopping centers -esas catedrales del mercantilismo contemporáneo- o de espacios más exigentes destinados a la enseñanza o la exhibición del arte.

Ello demuestra la feliz (o aventurada) paradoja de una sociedad donde escasean las áreas para encerrar a los desobedientes pero abundan en cambio los recintos para amenizar o sensibilizar a los inofensivos. Esa desproporción puede estar bien o estar mal, según el espíritu con que se la mire.

Los corredores de la vieja cárcel de Miguelete, que se abren como un delta, mantienen su hermosura piranesiana, un monumentalismo en todo caso lúgubre si se recuerda la función que cumplió el lugar. En uno de los extremos de esa planta, al que se accede por la calle Arenal Grande, el Ministerio de Educación y Cultura culminó hace poco tiempo un reciclaje que alberga el Espacio de Arte Contemporáneo. Ese injerto florece en uno de los brazos de la mole arquitectónica con el mismo contraste de los brotes recientes en la rama de un tronco vetusto, y está dedicado a muestras experimentales de jóvenes talentos de la plástica uruguaya.

El emprendimiento tiene por un lado el alcance saludable y fermental de su programación, a la que se suma la calidad de los artistas que operan en él. Pero por otro lado tiene el contrapeso de una escasa difusión que lo priva de la mayor concurrencia a la que tendría derecho, a pesar de estar abierto al público cinco días por semana con un amplio horario y con entrada libre. Los organismos públicos han olvidado el arte de la promoción informativa sobre sus actividades, en especial de las pertenecientes al terreno cultural, y el EAC sufre las consecuencias, igual que otros ámbitos de su categoría en el plano nacional y municipal.

OCUPANTES. En el subsuelo de ese nuevo centro, catorce celdas estuvieron puestas a disposición de otros tantos artistas para intervenirlas con instalaciones de carácter muy dispar, cuyo promedio de interés resultó muy atrayente y representa una manera de consagrar el cambio impuesto a un edificio que estaba destinado a la reclusión, para convertirlo en un campo de expansión. Se dieron varios ejemplos de ingenio y de calibre conceptual en los trabajos propuestos, como la guiñada a Marcel Duchamp en los mingitorios elegidos por Aldo Baroffio, o los videos que surgen en cada uno de los cuarteles del escudo nacional, para que Alberto Lastreto bromee sobre las ideas de Justicia, Fuerza o Libertad. En medio de esos aportes había uno de particular sugestión: es el de Javier Bassi, que consiste en una celda vacía, tapizada y penumbrosa donde al ingresar el visitante se activa una banda sonora muy sigilosa pero capaz de sobresaltar a los desprevenidos.

Allí Bassi generaba un clima cuyo misterio consiste en que el recién llegado no se sienta un curioso sino un ocupante, sumergiéndolo en el universo del presidiario que pudo estar allí. Desde hace años, la obra pictórica de Bassi, que es de primer orden, suele referirse a la presencia humana pero enmascarándola, como si el observador debiera atravesar un velo para atraparla. Con esta celda ocurre lo mismo, aunque ya no se trata de una imagen sino de una atmósfera. Como de costumbre, el artista desarrolla una notable densidad expresiva a partir de recursos mínimos. En la sorpresa que provoca esa relación tan desigual, está una de las claves para descubrir la maestría.

El proyecto colectivo de las catorce celdas es el segundo de su tipo que realiza el EAC y sobre esa experiencia reflexiona atinadamente Fernando Sicco, director de este centro, en el folleto que acompañó la iniciativa y que promete reiterarla en el futuro, prolongando un ciclo que merece tener continuidad. En más de un sentido, gracias a la "resignioficación del edificio", las puertas que estaban cerradas ahora se abren.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar