La lucha del presente

GUSTAVO PENADÉS

La semana pasada recordábamos a Wilson. Diversos homenajes movilizaron a los uruguayos que siendo o no votantes del Partido Nacional le tributan respeto y consideración.

Sin duda que la Libertad es el valor que asociamos inmediatamente a su persona. Sus años de lucha contra la dictadura al pasar del tiempo cobran mayor dimensión épica. El destino inexorable de que su retorno al país fuera la prisión y que la Presidencia le fuera arrebatada en su mejor momento, contribuyen grandemente a conformar la trama de su tragedia. Concomitantemente, se pretende ocultar otro aspecto de su acción política: el que tuvo como preocupación asegurar la paz pública y proyectar el futuro. La gobernabilidad fue eso y la ley de Caducidad también. Esta consistió en buscar solución a un estado de cosas que venía muy entreverado, fundamentalmente por los acuerdos y promesas que frentistas, cívicos y colorados tejieron con el gobierno militar. Estas cosas que, para los actores políticos están meridianamente presentes, en realidad ocurrieron hace muchos años. Casi 30 son los que nos separan del pacto del Club Naval y 38 del golpe de Estado. Visto desde otro ángulo, pasaron 49 años desde el 1º de enero de 1962, fecha a partir de la cual fueron amnistiados en 1985 todos los delitos políticos, comunes o militares conexos con estos. Los uruguayos menores de 29 años son más de un millón y medio y el promedio de edad del país es de 31 años. A estos uruguayos que viven las cosas a través de las lupas que fueron forjando su identidad, como la familia, la escuela o el trabajo, ese otro aspecto de la peripecia vital de Wilson y del Partido Nacional, en la construcción de la paz y de la consolidación democrática se les escapa o no le dan la importancia que merece. Seguramente por nuestra propia responsabilidad, por haber dejado que prosperara un relato falso de la peripecia nacional. La etapa democrática es naturalmente menos épica, aunque no por ello menos heroica. El camino del diálogo y de la formación de acuerdos no reviste generalmente espectacularidad ni convoca a la emoción. Implica renunciar a legítimas expectativas y superar la tentación del revanchismo y de la ventaja política mezquina. La democracia significa ejercer los derechos y cumplir las obligaciones; respetar la voluntad del soberano; diferenciar mayoría parlamentaria de patota, y poder con patente de corso. Tolerancia y respeto también.

En estos tiempos ese legado está siendo tirado a la basura. Tenemos ejecuciones sumarias en la Facultad de Derecho por el delito de pensar diferente, pero, sobre todo, como medida ejemplarizante, como escarmiento, para que se entienda bien el costo de ser blanco, de ser blanco en la Universidad y de ser blanco, en la Universidad y pretender actuar con libertad. En el Parlamento no les tiembla la mano a la hora de reírse del pueblo uruguayo desconociendo su voluntad expresada con votos en las urnas. En otros ámbitos se admiten doctrinas retrógradas y fascistas que ponen en entredicho la totalidad del sistema de derechos y garantías.

El Partido Nacional, heredero del legado de Wilson otra vez está luchando por las mismas cosas: por la Libertad y la Democracia.

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