Preso secuestró a familia con un bebé

Fuga. Peligroso rapiñero escapó de un consultorio: lo persiguieron más de 100 kilómetros

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MALDONADO | MARCELO GALLARDO

La enloquecida fuga de un recluso que tomó de rehenes al hijo de un ex ministro y a su familia pudo haber terminado en una tragedia. La Policía pudo, finalmente, cercar y desarmar al delincuente ya a pocos kilómetros de Montevideo.

Habría sido un traslado rutinario, pero pronto todo se convirtió en una pesadilla. Pocos minutos antes de las 10 un policía y el recluso José González Silveira, que había sido trasladado desde la cárcel de Las Rosas, llegaron al consultorio oftalmológico ubicado en la calle Malvinas, a unos 20 metros de la avenida Camacho, sobre la parada 19 de la playa Mansa.

Cuando ingresó al consultorio médico el recluso sólo iba custodiado por un agente de segunda de 19 años, con seis meses de antigüedad en la fuerza policial.

La médica oftalmóloga Mirta Acosta (59) relató poco después a El País cómo se había originado la delirante carrera de fuga. Acosta dijo que cuando se disponía a atenderlo el agente le quitó las esposas al recluso, aunque no los grilletes. "Fue algo preocupante, pero igual no sentí miedo", dijo la médica.

De todos modos, Acosta señaló que en ningún momento le había pedido al policía que le quitara las esposas al recluso. "Igual lo hubiera atendido con las esposas", aseguró Acosta.

Sobre las 10.15 el recluso estaba en el sillón del consultorio luego de que la médica le colocara unas gotas para dilatar las pupilas. En ese momento, el agente que estaba sentado detrás de la profesional le preguntó a esta por unas manchas rojas que había notado alrededor de sus ojos. Cuando la médica se dio vuelta para responder al agente, el recluso saltó del asiento y se abalanzó sobre ambos. Mientras lo hacía extrajo un corte que llevaba oculto entre sus ropas, que colocó en la garganta del joven policía, que había caído de espaldas al piso.

"¡Dame el arma!", exigió el recluso.

"No te puedo dar el arma, de ninguna manera", respondió.

"Perdone, doctora, pero yo me quiero ir -dijo el recluso, volviéndose a la profesional-. Dame el arma (al policía), yo la voy a dejar en la puerta cuando salga, le voy a sacar las balas porque no quiero que nadie me siga. Sólo me quiero ir de acá, murió mi madre y quiero ir al cementerio".

"Yo le dije al policía que le diera el arma", relató la médica luego, "al delincuente no lo vi como un delirante, pero con un cuchillo en el cuello no hay mucho para hacer. Luego le pidió las llaves para sacarse los grilletes que aún tenía puestos. El policía continuó negándose, pero al verse amenazado no tuvo más remedio. Luego le colocó las esposas al policía. Después le sacó el celular y nos llevó al baño, no nos dejó encerrados, inclusive nos dejó las llaves de las esposas arriba de la mesa del consultorio", relató.

En la antesala había otros dos pacientes. "Ya te va a atender la doctora", le dijo el recluso a uno de ellos. Cruzó la calle y arma en mano abordó el Citroën en el que se encontraba Conrado Bonilla (hijo) con su esposa Patricia, su hijo Conrado (de 4 meses) y una empleada de 53 años.

REHENES. "En San Carlos mi hijo lo llevaba conversando para que el tipo negociara con los policías su entrega", relató el ex ministro de Salud Pública, Conrado Bonilla, padre del hombre secuestrado junto a su familia en el automóvil.

Bonilla habló con su hijo una vez que terminó todo y éste le contó lo que había ocurrido durante la desenfrenada carrera a punta de revólver.

"En determinado momento, con la Policía siguiéndolos, Conrado bajó el vidrio de su ventanilla y sacó la cabeza para gritarle a los policías que viniera uno para negociar. Pero se arrimaron entre diez o quince y entonces el tipo lo empezó a encañonar de nuevo al tiempo de gritarle: `¡vámonos que estos no entienden! Nadie quiso negociar", relató Bonilla.

La carrera continuó hasta los alrededores del aeropuerto. "Al llegar al aeropuerto los encerraron y los rodearon. Iban los camiones de la Metropolitana con las puertas abiertas, se tiraron y con las culatas pegaron en los vidrios del auto. El delincuente adentro estaba como loco", continuó Bonilla.

"No nos mató de casualidad", le contó Bonilla hijo a su padre. Durante el momento de confusión y griterío la esposa de Conrado desarmó al recluso. "Ella fue la que le sacó el revólver, increíble", comentó Bonilla.

El ex ministro aseguró que antes de que ocurriera esto, la familia vivió momentos de extrema tensión. "El tipo parecía enloquecido, les dijo que los iba a matar a todos mientras apuntaba al niño de cuatro meses", relató a El País.

El recluso pretendía negociar con un juez de Montevideo. Bonilla asegura que su hijo les dijo esto a los policías que los rodeaban "pero nadie vino a negociar", agregó.

El operativo policial se inició poco después que el recluso tomara el coche por asalto y mientras deambulaban por las calles de Maldonado. Durante la fuga el recluso llegó a comunicarse con el juez Gabriel Ohanian, quien le pidió que desistiera de la fuga y se entregara. Ya seguido por varios móviles policiales tomó hacia San Carlos, los secuestrados dirían después que los obligó a circular por Camino de los Gauchos en busca de un supuesto cómplice del secuestrador. Ya en San Carlos el presidiario permitió a la empleada que se bajara, luego siguieron la carrera hacia Montevideo (ver nota aparte).

Decenas de policías a la caza del fugado

Luego de cruzar la ciudad de Pan de Azúcar y tomar por la ruta Interbalnearia, la insólita caravana pudo pasar los peajes sin mayores problemas. Luego de pasar al segundo sobre el arroyo Pando, el auto con el delincuente y sus víctimas tomó por la ruta hacia el aeropuerto. En sentido contrario, efectivos de la Guardia Metropolitana, de Policía de Montevideo y de Canelones, y de la Dirección de Inteligencia montaron un piquete para pararlo a la altura del kilómetro 31 en las cercanías del autódromo Víctor Borrat Fabini. El movimiento de pinzas salió a la perfección y el auto Citroën C3 rojo fue rodeado por varios móviles policiales, desde donde salieron una gran cantidad de efectivos. El delincuente, rodeado, se rindió y puso fin a la odisea que se les hizo eterna a sus víctimas.

A punto de llegar a la tragedia

LAS VÍCTIMAS Conrado Bonilla, de 35 años, gerente del Cantegril Country Club de Punta del Este, su esposa Patricia, de 35 años, su hijo Conrado, de 4 meses, y la empleada de la familia, de 53. Un agente de segunda de 19 años con seis meses en la fuerza policial y la oftalmóloga Mirta Acosta, de 59 años.

EL SECUESTRADOR José González Silveira, procesado por la Justicia penal de Canelones e imputado de cinco delitos de rapiña especialmente agravada. Fue alojado en la cárcel de Las Rosas en el marco del habitual intercambio de reclusos que se registra en el sistema carcelario.

EL NEGOCIADOR El juez penal de Maldonado, Gabriel Ohanian, quien llamó al recluso y le recomendó que se entregara a la Policía, pero este no le hizo caso.

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