Es difícil explicar las razones por las que se inaugura un monumento en memoria del extinto fundador y líder del MLN Tupamaros, Raúl Sendic Antonaccio. Difícil porque pasó buena parte de su vida preso o en la clandestinidad empeñado en una lucha armada cuyo objetivo final era reemplazar el sistema democrático vigente en Uruguay por una dictadura estilo castrista. Cuesta considerar que esa opción por la violencia que hizo Sendic merezca un homenaje de ese calibre, aunque los tiempos cambien.
Un diputado oficialista quiso justificar el hecho diciendo que lo bueno del monumento es que servirá para difundir el pensamiento de Sendic en las nuevas generaciones. Un pensamiento que, le faltó decir, quiso imponer a sangre y fuego, algo que, es de esperar, no será imitado por los jóvenes ciudadanos.