Paupérrimos argumentos esgrimen los jerarcas del ministerio de Educación y Cultura (MEC) cuando tratan de justificar la creación del ministerio de Justicia. Alegan que esa cartera está "sobrecargada" y "congestionada" por la cantidad de tareas que están a su cargo, razón por la cual, dicen, los temas de justicia no se tratan de manera "más coordinada y ordenada". Esa es una inaudita confesión pública de ineptitud y negligencia que debería merecer una admonición de parte del gobierno.
No es verdad que el MEC esté recargado o congestionado como se aduce. Basta con recordar que aparte de las universidades privadas y los jardines de infantes, el ministerio de Educación apenas si se ocupa de la educación. Tanto es así que su titular, Ricardo Ehrlich, viene reclamando sin mayor éxito que se le otorgue mayor injerencia en los temas educativos en los cuales la Anep y la Udelar se manejan con autonomía. Si a ello se suma que el rol ministerial en la cultura es escaso, sin rumbo y con frecuentes pifias, se verá que la recarga de trabajo no es tal.
Porque recarga era la que existía en tiempos en que el Inau y la Comisión Nacional de Educación Física estaban dentro del ministerio, cosa que hoy no ocurre. El tema de los menores así como el deporte (hoy manejado desde otro ministerio) ya no figuran entre sus responsabilidades. Resulta inexplicable que ahora, ya liberados de esas tareas, los capitostes del MEC insistan con que tienen "muchas cosas" que atender.
Si la idea es crear a toda costa un ministerio de Justicia para que se ocupe de los registros, las fiscalías y la abogacía del Estado deberían buscar argumentos más originales en lugar de refugiarse en su propia ineptitud.