Murió el gran escritor argentino David Viñas

Despedida. Fue autor de ficción y ensayista

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GUILLERMO ZAPIOLA

En la noche del pasado jueves falleció en Buenos Aires, a causa de una neumonía, el novelista, dramaturgo, ensayista y guionista cinematográfico David Viñas. Tenía 83 años.

Hombre versátil y polémico, militante de izquierda radical y experiencia vital trágica (sus dos hijos, Lorenzo y María Adelaida, fueron "desaparecidos" durante la última dictadura de su país) Viñas se desempeñaba actualmente como consultor cultural de la secretaría de Derechos Humanos de la Argentina, que seguramente prefirió olvidar sus desafortunadas declaraciones inmediatamente posteriores al 11 de septiembre de 2001.

Su obra como novelista incluye Un Dios cotidiano, Dar la cara, Jauría y Los dueños de la tierra. Entre sus obras de teatro corresponde mencionar títulos como Maniobras, Dorrego y Tupac-Amaru. Como ensayista publicó, entre otros, Literatura argentina y realidad política: de Sarmiento a Cortázar y Los anarquistas en América Latina. Supo ser muy crítico de ciertos mitos argentinos desde Sarmiento a Borges, aunque en el caso del segundo pudo aclarar que no cuestionaba el incomparable talento del autor de Ficciones sino "el borgismo como actitud paralizante", algo de lo que Borges no tenía realmente la culpa.

Había fundado la revista Contorno, y durante su exilio en la dictadura vivió (y trabajó como profesor universitario) en España, México, Alemania y Dinamarca. De vuelta a la Argentina tras la restauración democrática en 1983, se convirtió en titular de la cátedra de literatura argentina de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Inconformista, irreverente, Viñas fue la clase de individuo con el que cabe discrepar con frecuencia pero que le hace bien a cualquier ambiente intelectual. "Un intelectual no puede ser oficialista", había insistido hace poco, negándose a formar parte del clásico grupito que siempre se las arregla para "subirse al carro" del poder de turno.

Como libretista cinematográfico estuvo vinculado al movimiento de renovación del cine argentino de los mediados cincuenta. Fue guionista para Fernando Ayala (El jefe, 1958; El candidato, 1959; Sábado a la noche, cine, 1960) y José Martínez Suárez (junto a quien adaptó Dar la cara, 1962) , y aportó la investigación previa para el `thriller` de Héctor Olivera La muerte blanca (1985).

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