JORGE ABBONDANZA
Una selección de fotos sobre espectáculos, provenientes del archivo municipal, se puede ver en la Galería A Cielo Abierto ubicada en el Parque Rodó, en Pablo de María y la Rambla.
La fotografía ha sido el último de los lenguajes pictóricos en incorporarse a las artes visuales. Nació en la primera mitad del siglo XIX, imponiéndose en las décadas siguientes por su valor documental como registro de la realidad inmediata, tanto en el campo del retrato como en las áreas del paisaje urbano o rural. Las experiencias fotográficas de la época son hoy verdaderas reliquias de museo, no solo por la curiosidad testimonial de sus enfoques sino por el relieve histórico de sus modelos, una galería en la que desfilan desde el desaparecido palacio de las Tullerías hasta la Ciudadela montevideana, desde la reina Victoria hasta Aparicio Saravia, desde el Kaiser hasta José de San Martín. La fotografía ha demostrado ser el ojo más fiel para fijar la memoria sobre los últimos 160 años y perpetuar el semblante de la verdad a salvo de toda deformación evocativa o todo embellecimiento sentimental.
Porque la imagen obtenida por ese procedimiento mecánico nunca miente, sino que reproduce el universo visible para dejar una constancia infalible de él, y por ello hay que agradecerle el privilegio de conservar imágenes de la batalla de Verdún, de la emperatriz viuda de China o del incendio del dirigible Hindenburg, en medio de una hilera de acontecimientos que sólo la cámara iluminó para la posteridad. El protagonismo de la fotografía fue abriéndole camino para convertirla en un medio independiente de todo encargo ilustrativo o toda subordinación a una noticia, transformándola en un recurso artístico sólo confiado a la sensibilidad, la imaginación, la libre elección de temas o la calidad técnica del talento que la maneja.
Las enormes posibilidades que abre, explican que en la cartelera montevideana abunden las muestras fotográficas, que en ocasiones alcanzan un singular nivel de interés y permiten compartir su evolución y sus conquistas formales. Como apreciable herramienta de divulgación, la Intendencia de Montevideo instaló en el Parque Rodó una doble hilera de paneles donde se montan exposiciones de fotografía provenientes del enorme archivo municipal, que es un patrimonio de valor inestimable.
Esos paneles ofrecen ahora una selección de imágenes captadas por fotógrafos de la Intendencia, referidas a conciertos de rock, espectáculos de danza clásica y aspectos del carnaval. Son encuadres de gran impacto que en algunos casos tienen además una hermosura plástica respaldada por el juego de luz y de color, dinamismo en el que asume un papel vital la figura humana. Antes, ese sitio desplegó otras selecciones monográficas, con fotos del fútbol uruguayo en época del Centenario o con postales encantadoras de Montevideo a principios del siglo XX. Se ha implantado una estructura similar en el Prado, para ampliar esa difusión que agrega otra nota de interés general a los paseos públicos y de paso atrae a quienes no visitan habitualmente las galerías de arte, familiarizándolos con el virtuosismo de algunos cronistas gráficos.