Un año más, un año menos

Luis Alberto Lacalle Herrera

El año político comienza cada 1º de marzo. Dicha fecha no solo marca el hito sino que debe de ser marcada, por imperio de la Constitución, por un pronunciamiento presidencial que debe de ser documentado ante la Asamblea General mediante un mensaje que dé cuenta de lo acontecido en materia de gobierno en el año que vence. Hasta ahí el mandato de la carta. Nada dice la misma más allá del deber de enviar el referido resumen.

Hemos propuesto y concretaremos en la medida en que se encuentre eco entre los legisladores, que se abra un debate sobre este verdadero "estado de la nación", enriqueciendo así la vida política y haciendo del Legislativo un verdadero escenario que el país necesita para escuchar a sus representantes. Sabemos que no es unánime la opinión al respecto y mucho respetamos esa posición, pero nos explayaremos acerca del por qué de nuestra novel propuesta que no conoce antecedentes. En otras naciones se ha creado mediante ley o costumbre -¡cuantas veces más eficaz ésta que aquélla!- el escenario para que la oposición tenga su momento de réplica a la posición oficial. En el supuesto absoluto de que se guardan en una y otra presentación, en el mensaje y en un eventual debate, las formas de cultura y cortesía, mucho y bueno podemos lograr, iniciando esta práctica. Ante todo, generar un verdadero debate político que nos falta sobre el que vamos perdiendo hábitos, sabiamente democráticos y altamente recomendables, para que la gente sepa qué es lo que pensamos, cómo defendemos nuestras posiciones cara a cara con quienes piensan distinto. Esperamos que se concrete la iniciativa que no depende de otra cosa que de llenar los requisitos para citar a la Asamblea General.

Nos reservamos el análisis en detalle de los dos documentos, para esa eventual instancia. ¿Por qué dos? Porque por mandato presidencial y en una concesión política hacia el Vicepresidente, que los analistas discutirán a qué obedece, el Presidente Mujica encomendó a tal jerarca el dirigirse al país a través de los medios, para complementar lo afirmado en el mensaje constitucional. No es nuevo esto del doble mensaje, baste recordar las dos expresiones con que nos regaló el Presidente Vázquez en ocasiones similares, para confirmarlo. Más allá de la originalidad que no violenta la letra, pero quizás el espíritu de la ley, debemos de tener en cuenta ambas expresiones públicas como un mismo mensaje, de un mismo gobierno.

Gobierno que antes que nada hay que ubicar para fundamentar sólidamente la crítica, en dos características que lo distinguen y que comparte con el anterior. Ellas son nada menos que la mayoría parlamentaria absoluta y la prosperidad económica sin parangón cercano, de la que se disfruta. La primera permite prácticamente todo, dentro del orden constitucional, la segunda ofrece los recursos que, aunque no son infinitos, podemos estimar en su potencialidad si recordamos que el propio Ministro de Economía estimó como "espacio fiscal" o sobrante, en mil millones de dólares, es decir, casi un 10% del total presupuestal. Las herramientas y la materia prima sin excusas para el no hacer.

Dos tiempos pautan nuestra actividad, el de la acción política y el de la acción electoral. En el caso de quien es preferido para ejercer el gobierno hay otro tramo temporal que es el que va de la elección a la asunción del mando, que en este caso se concretó en los meses de diciembre del 2009 y enero y febrero del 2010. Aludimos a estas fechas porque lo primero que surge a la crítica, visto el paso cansino y lento que se imprimió a la gestión gubernamental, es preguntarnos qué se hizo en ese plazo. La pregunta surge claramente cuando se analiza la falta de proyectos importantes en los primeros meses de la legislatura y la aparición de propuestas muy importantes recién al inicio del segundo año. Manejo deficiente del tiempo, falta de conciencia de que la sabida lentitud de la tramitación que debemos suponer conocida, no se contrabalanceó con una urgencia en la acción oficial. Ya veremos los apuros inútiles cuando avance el inexorable almanaque y ya oímos y leemos las actuales excusas en ese sentido.

Ha sido difícil para el Presidente Mujica adaptarse a la acción de gobierno, dejando de lado su estilo de campaña electoral. Nadie pretende un cambio radical, sí se espera una adaptación al tedioso pero eficaz camino de estudiar, escuchar, delegar, que no obstan sino que se complementan, con el acicate y el permanente espolear a los colaboradores, recordándoles lo fugaz del paso del tiempo. Junto a esta característica y juzgando desde fuera, la sorpresa del gabinete y los parlamentarios afectos al gobierno, ante las iniciativas presidenciales notoriamente no consultadas y -a veces- la reculada del primer mandatario frente a discrepancias fuertes y públicas de sus socios políticos.

Agreguemos las características de la ley más importante, la de Presupuesto, y veremos que el balance no es bueno en lo que a la actividad del Frente Amplio como gobernante corresponde. Gastos sin freno, frondosidad burocrática aplicada a la formación de cuadros políticos ubicuos, nula noción del ahorro o de la disminución de la deuda, delegación de funciones parlamentarias a favor del Ejecutivo y peligrosa discrecionalidad otorgada a éste. No es un buen balance el que habremos de continuar comentando.

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