En los últimos meses de 2006 la tensión generada por el conflicto con Argentina había alcanzado su pico máximo, que teñiría la evolución del diferendo durante todo el 2007, tal vez el año más crítico.
"En tanto, en Fray Bentos, las tensiones por las operaciones de Botnia se mantienen altas por la preocupación de potenciales actividades de los manifestantes argentinos en respuesta a la apertura de la planta", informaba el embajador Frank Baxter en un cable de noviembre de 2007.
Por ese entonces, el conflicto había llegado a su masa crítica. De hecho, el gobierno uruguayo había decretado el 4 de diciembre de 2006 la custodia militar y policial del predio donde se terminaba de construir la planta de Botnia. La medida se había adoptado luego que analistas de inteligencia militar (Dirección Nacional de Inteligencia del Estado, Dinacie, del Ministerio de Defensa) y también de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) del Ministerio del Interior advirtieran sobre el riesgo de sabotajes a la planta. No se trataba de un riesgo en abstracto, el 8 de mayo de 2006 se descubrió un atentado contra un vivero de la compañía en Paysandú. "Con sólo la complicidad de la noche se logró trastocar la aparente intocabilidad (sic) del gran monstruo", expresaba el mensaje anónimo enviado por correo electrónico después del acto de sabotaje.
El cable enviado por el embajador Baxter al Departamento de Estado refería también acerca de versiones de prensa sobre la participación de los servicios de seguridad argentinos en acciones contra la planta. "El respetado diario El Observador también informó que fuentes del Gobierno de Uruguay aseguraban tener información acerca de vínculos entre la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) de Argentina y los ambientalistas argentinos para realizar actividades de propaganda contra la planta. Aunque la embajada no tiene reportes directos de estas potenciales amenazas, el clima de incertidumbre y temor es palpable a través de estos reportes de prensa", indicaba el cable diplomático.