Despidiéndose del joven mago

| Rumbos. "Harry Potter" termina y su protagonista está estudiando cuidadosamente los siguientes pasos a seguir en su carrera El 27 de marzo regresará a Broadway con un título clásico de la comedia musical

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THE NEW YORK TIMES | DAVE ITZKOFF

El más famoso veinteañero del planeta entró desesperado a una cafetería del West Village una ventosa mañana de febrero, clamando por `waffles` belgas. Tenía los ojos empañados, y lucía desaliñado y sin afeitar.

Sin embargo, parecía cargado de energía pese a lo temprano que era, aunque había perdido algo de aliento tras alejarse del restaurante que había elegido primero y que se encontraba cerrado por un escape de gas.

Deslizándose sin ser notado hasta un lugar en el fondo donde no parecía haber un riesgo inminente de explosión, reconoció con un guiño su esfuerzo matutino. "Están tratando de matarme, ¿no es así?", preguntó con una sonrisa, y antes de lanzarse sobre el desayuno que le proporcionaría la energía requerida en un día de ensayos para su nuevo musical de Broadway, lanzó la siguiente advertencia: "Probablemente me vean beber una obscena cantidad de jarabe de arce. Nunca había tomado jarabe de arce hasta hace tres semanas, y ahora puedo hacerlo libremente. Montones".

Hay que reconocer que Daniel Radcliffe, que está aprovechando la década que pasó interpretando a Harry Potter y ha aceptado protagonizar el relanzamiento en el escenario de Cómo triunfar en los negocios sin realmente intentarlo, no ha crecido como casi ninguna otra joven estrella antes que él y no ha cambiado como todos esperaban que lo hiciera.

LOGROS. Ciertamente el éxito de las películas de Harry Potter, adaptadas de las novelas de J.K. Rowling y que han recaudado más de seis mil trescientos millones de dólares en todo el mundo, le han valido un reconocimiento sin paralelo y una riqueza astronómica. Él mismo ha dicho que recibió entre veinte y veinticinco millones de dólares por las dos últimas películas, y es probablemente más rico que el príncipe William o el príncipe Harry, dos compatriotas que nunca debieron ganarse la vida matando basiliscos o destruyendo Horcruxes.

Lo que Radcliffe parece no tener es la arrogancia o la petulancia que vienen típicamente junto con tanta fama y fortuna. Es cuidadoso pero no autoconsciente, de mirada amplia e inquieta, y rápido para mostrarse mundano y entusiasta.

Mientras desayunaba contó que suele pelearse con su novia por el tiempo que ella le dedica a History Channel o a otros canales de cable como Discovery o el Military Channel, "donde siempre está viendo cosas como El guardaespaldas de Hitler o El jardinero de Hitler o Miembros perdidos de la comitiva de Hitler".

Cuando se refiere a su carrera, que entrará en un territorio inexplorado cuando la octava y última película de Harry Potter se estrene en julio, Radcliffe se pone profundo, preternaturalmente serio. Explicando por qué eligió despedirse de su querido personaje del muchacho mago con una sátira norteamericana de hace cincuenta años sobre el universo corporativo habló, con sinceridad casi religiosa, sobre su necesidad de demostrar que un niño actor puede seguir teniendo una larga carrera.

"Si realmente puedo hacerlo", dice Radcliffe acerca de su última aventura en el escenario, "habiendo estado en una de las franquicias más grandes de la historia, se termina el debate. Se puede. Creo que esa es mi misión".

El relanzamiento de Cómo triunfar..., que se estrenará en el teatro Al Hirschfeld el 27 de marzo, no es la primera incursión de Radcliffe en Broadway. Debutó en 2008 con el drama psicológico de Peter Shaffer Equus, que trajo desde el teatro Gielgud de Londres. Interpretando al perturbado joven Alan Strang, un papel en el que aparecía brevemente desnudo, Radcliffe obtuvo una amplia atención y elogios críticos. En el New York Times, Ben Brantley escribió que el actor interpretaba el papel "como la delicia de un sastre, esto es, con una precisión que deja espacio para el despliegue".

Con esa experiencia embriónica, Radcliffe obtuvo el aprecio del mundo teatral de NuevaYork y, más prácticamente, las lecciones vocales que debió recibir para cantar un jingle en Equus. Se empezó a decir que no cantaba solamente para el público, y que quizás tuviera mayores ambiciones.

"Conocimos a algunos de los caballos de Equus", dice Craig Zadan, que junto con su socio Neil Meron es uno de los productores de Cómo triunfar..., "y nos contaron que andaba entre bambalinas cantando la partitura de Sweeney Todd".

En un encuentro con Zadan y Meron, Radcliffe dijo que no estaba seguro de encontrarse calificado para protagonizar un musical de Broadway. Y cuando fue abordado por separado por el director y coreógrafo Rob Ashford, quien dijo que quería hacer con él un triple desafío, Radcliffe repitió: "Ok, sí, tomaré lecciones de baile. Pero usted está nadando contra el oleaje, señor Ashford".

Sus futuros colaboradores ofrecen una versión diferente: "Hacerlo era su deseo secreto", sostiene Zadan.

De todos modos, el equipo se consolidó rápidamente alrededor de Cómo triunfar..., el musical ganador del premio Pulitzer (con partitura de Frank Loesser y libro de Burrows, Jack Weinstock y Willie Gilbert) sobre J. Pierrepont Finch, un bueno para nada que empieza como limpiador de ventanas y termina como presidente del directorio de la World Wide Wicket Company.

Fue, dicen los productores, un espectáculo apreciado con impecables credenciales (Robert Morse interpretó a Finch en la producción original de Broadway y en la película de 1967, y Matthew Broderick repitió el papel en 1995, como corresponde a uno de los pocos musicales que se apoya fundamentalmente sobre los hombros de un joven protagonista masculino.

Pero era también, como Radcliffe reconoce, un proyecto muy extraño para hacerse cargo de él.

"Pienso que a mucha gente le va a parecer una elección algo confusa", dice, "pero me gusta eso".

Que Radcliffe no había cantado mucho antes, ni había bailado nunca, ni hablado con acento americano en ningún papel previo eran todos obstáculos que debía enfrentar con una preparación suficiente, y estuvo meses entrenándose en esas áreas.

En un reciente ensayo de Cómo triunfar... en los estudios New 42nd Street, Radcliffe no tuvo problemas en mantenerse a la altura de colegas con más experiencia. Vigilado por Ash- ford y por Spencer Soloman, un entrenador de baile que trabajó estrechamente con Radcliffe en Londres, el grupo interpretó Hermandad del hombre, el arrollador penúltimo número del espectáculo. Radcliffe confía en que la pasión que transmite logre acaso compensar sus posibles limitaciones.

Quiénes son sus modelos, y lo que algunos opinan acerca de él

Preguntado acerca de los actores que le sirven de modelo y cuyos pasos quisiera seguir, Daniel Radcliffe menciona a varios niños actores que consiguieron crecer y librarse de esa etiqueta, como Christian Bale o Elijah Wood.

También menciona a su amigo y mentor Gary Oldman, el camaleónico actor que interpreta al mago Sirius Black en las películas de Harry Potter. Oldman ha dicho en una entrevista telefónica que Radcliffe tiene ya suficiente dinero para, en pocas palabras, decirle adiós a la industria del entretenimiento. Y agregó que Radcliffe no estaba dando nada por seguro, y que elecciones astutas en este momento crucial de su carrera podían significar un gran paso adelante de cara a su durabilidad profesional.

"Él sabe que, terminado Potter, está en el mercado junto con todos esos otros actores que quieren el mismo trabajo", dice Oldman. "Y el hecho de que haya estado interpretando a Harry Potter por diez años no significa nada".

David Yates, que dirigió a Radcliffe en las últimas cuatro películas de Harry Potter, incluyendo el capítulo final, Harry Potter y las reliquias de la Muerte: parte 2, agrega que más allá del enorme estrellato del actor, "él se siente más cómodo siendo uno de los muchachos", ya sea ayudando al equipo de filmación a limpiar luego de una noche de rodaje, o decidiendo protagonizar un musical de Broadway.

"Su manera de manejarlo", dice Yates con una carcajada, "es intentarlos y fingir que es normal, y bailar con todo el mundo".

Lo más ocupado posible

Daniel Radcliffe tiene hoy entre manos varias ofertas de trabajo para la gran pantalla, entre ellas una nueva versión de Sin novedad en el frente, la clásica novela antibélica de Erich Maria Remarque, ya filmada previamente dos veces.

"Cuando tenga treinta años, es probable que quiera hacer las cosas más lentamente", dice el joven actor. "Pero esta es la parte de mi vida en la que debo estar todo lo ocupado que pueda".

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