Sittlichkeit

Francisco Faig

Con asombro el país conoció los argumentos medievales por los cuales voceros de las Cámaras de Industrias y de Comercio se opusieron al proyecto del ministro Brenta, que fija la prohibición de exigir el test de embarazo a una trabajadora, tanto para la contratación como para dar un ascenso.

En alemán, Sittlichkeit refiere a ciertas prácticas sociales aceptadas de buen tono por la mayoría de los miembros de una comunidad. Describe cierta moralidad acorde al espíritu de una época.

Brenta no hizo más que reflejar la Sittlichkeit de la mejor tradición republicana, en lo que refiere a la igualdad de géneros y la defensa de las más débiles. En ese camino opuesto a la avaricia empresarial capitalista, encontró el apoyo del Pit-Cnt; pero no el del Partido Nacional.

Los blancos intuyen que deben renovarse. En las formas de trabajo: es lo más fácil, aunque cuesta mucho implementarlo. Allí están disponibles las recientes propuestas de Lacalle. Se resumen en ser más partido y menos agrupación electoral.

No sintonizamos con la cultura popular, estamos de espaldas a la sociedad, precisamos sindicalistas, murguistas, artistas, caminar por los barrios: detrás de estos conocidos reclamos, está la intuición de que, en realidad, el problema es que el Partido Nacional no sintoniza con la actual Sittlichkeit del país. Porque es en esa dimensión, y no en la de la capacidad en el ejercicio del poder, donde la izquierda ha sacado una fenomenal ventaja comparativa.

Algunos ejemplos. Denunciar el flagelo de la violencia doméstica; aceptar la realidad de quienes se han unido varias veces sin casarse; reconocer la legitimidad del amor entre parejas homosexuales; sincerar a la sociedad en su extendida práctica de abortos siempre clandestinos (o casi); denunciar la discriminación racial; aceptar el consumo y autocultivo de marihuana.

En cada uno de esos temas hay entre los blancos, individualmente, dirigentes que perciben y aceptan los cambios de la sociedad y hasta se ponen a su vanguardia. Dos ejemplos en diputados: Laca-lle Pou con el autocultivo; Cardoso con el matrimonio homosexual.

Pero en general el Parti- do Nacional no quiere aggior-narse a la evolución de la Sittlichkeit.

Así, deja que se asiente el conservadurismo de la reacción, que apela a las añejas certezas pequeño burguesas provincianas para evitar confrontarse con los vertiginosos y bienvenidos cambios sociales pos 1968 y posmodernos. Se multiplican entonces los anatemas del que está acorralado por su prejuicio: aquel es un falopero; aquel otro un marica tapado, etc.

El divorcio del Partido Nacional con la sociedad pasa por vivir mal los cambios de su época.

Su reconciliación, que invoca la renovación, pasa por asumirlos desde una perspectiva propia y distinta de la de izquierda. Por ejemplo: planteando medidas más eficientes contra la violencia doméstica.

Hay que verbalizar el problema: se precisa una renovación en fase con la Sittlichkeit. Es una tarea colectiva; quienes la emprendan recogerán buenos frutos.

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