Sesenta especialistas imaginan lo que pasará dentro de medio siglo

Futuro. Está en librerías "Una mirada a nuestro mundo" de Mike Wallace

 20110304 749x600

GUILLERMO ZAPIOLA

Es inevitablemente un libro desparejo, por momentos incitante, a veces meramente trivial. Esa puede ser la consecuencia del criterio mismo de edición de "Una mirada a nuestro mundo - 50 años en el futuro", publicado por Grupo Nelson.

El rostro visible del proyecto es el veteranísimo periodista radial y televisivo norteamericano Mike Wallace, hoy con 92 años y ya retirado de la pantalla chica (su hijo Chris se ha convertido en cambio en uno de los "entrevistadores estrella" de Fox News).

Lo que se le pidió a Wallace, y lo que éste pidió a su vez a los sesenta especialistas cuya firma aparece en la colección de breves ensayos que constituyen el cuerpo central de la publicación, es la respuesta a una sola pregunta: "¿Cómo creen que será el mundo dentro de cincuenta años?" (hoy tendríamos que decir, más precisamente, "dentro de cuarenta y siete": la edición en inglés del libro es de 2008). La contribución del propio Wallace está en el prólogo, y en los textos de presentación de cada uno de los colaboradores.

El carácter fluctuante del resultado deriva acaso de su enfoque editorial. Wallace pudo haberlo mejorado si en vez de arrancar con una única pregunta, tan amplia y genérica, hubiera dirigido a cada colaborador un pequeño cuestionario, quizás el mismo para todos (lo que permitiría establecer comparaciones entre las diversas respuestas), o uno diferente y personalizado para cada contribuyente, centrado en sus respectivas especialidades. Al partir de tal generalización (que, por supuesto, implica mucho menos trabajo a cargo del editor) se corre un riesgo que impregna al menos una parte de las páginas. Cada uno contesta, literalmente, lo que se le pasa por la cabeza, en algunos casos sobre aspectos referentes a sus áreas de conocimiento específico, otros sobre cuestiones mucho más amplias, algunos incluso sobre nada en absoluto (se limitaron a teclear cuatro o cinco páginas con una colección de lugares comunes). También se podría haber evitado otra indecisión del libro: están los que escriben más bien sobre cómo creen que serán los Estados Unidos, no el mundo, dentro de medio siglo; otros tienen, en cambio, una perspectiva realmente mucho más global.

De todos modos hay mucho para morder en el resultado. La lista de colaboradores es irregular pero bastante impresionante. Incluye a una cantidad de premios Nobel, desde uno de los hombres que descifró el genoma humano (Francis Collins) hasta el "padre de la revolución verde" Norman Borlaug; desde el biólogo evolucionista y "neo ateo" Richard Dawkins (cuando los conservadores ejecutivos de la editorial Nelson vieron su nombre entre los colaboradores debieron refunfuñar un poco, pero decidieron jugar limpio y aceptaron su pequeño ensayo, que no tiene realmente que ver con lo que sabe sino que es más bien un pequeño divague sobre que, finalmente, se dejará de creer en la existencia del alma) hasta Victor Cerf, vicepresidente de Google, o el célebre psiquíatra E. Fuller Torrey; desde la activista por los derechos humanos Jody Williams hasta el ex presidente de Corea del Sur (y Premio Nobel de la Paz) Kim Dae-jung; desde Ronald Noble, secretario general de Interpol, hasta Lee Hamilton, asesor en política exterior de varios presidentes norteamericanos: desde el "escéptico profesional" Michael Shermer hasta un periodista político del Washington Post y ambientalistas de diversos colores. El listado continúa, pero sesenta nombres son demasiados para una nota de estas dimensiones.

Es más interesante reseñar algunos de los temas y enfoques. Hay una mayoría de técnicos entre los encuestados, y resulta inevitable que muchos centren sus respuestas en la ciencia y la técnica (qué va a pasar con la computación, la nanotecnología o la cura de ciertas enfermedades), pero también hay visiones, algunas optimistas, otras no, sobre las consecuencias en el medio ambiente (Borlaug propone, con cierta incorrección política, que en vez de intentar, inútilmente, "detener el cambio climático", se invierta en estudiar la forma de adaptarse a él), con el terrorismo, la democracia, la pobreza o el estado-nación. En el conjunto hay de todo: aportes concretos e inteligentes, buenas intenciones utópicas, y hasta, probablemente, una dosis de ciencia ficción. Pero no es una lectura inútil.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar