Tema de análisis
Peso: El poder redistributivo de los impuestos es muy bajo y el impacto depende de cómo reaccionen la oferta y la demanda ante cambios de precios.
Impuesto. El IVA tiene tasas diferenciales para algunos productos siendo estas de 0%, 10% y 22%.
HORACIO BAFICO/GUSTAVO MICHELIN
El debate impositivo tiene en el IVA a uno de sus actores principales. Las propuestas giran en torno a si se trata de un tributo progresivo o regresivo. La estructura actual del impuesto parecería indicar que está más cerca del primer caso.
En economía existe la convicción de que los impuestos dan poco resultado para redistribuir el ingreso de la sociedad pero son una herramienta eficiente para conseguir recursos que ayuden a mejorar la distribución a través del gasto público.
El principal problema que tienen los impuestos para redistribuir es que actúan directamente sobre los precios y por lo tanto su incidencia está sujeta a lo que finalmente suceda con éstos en el mercado.
Una de las posibilidades que hay cuando se pone un impuesto por primera vez es que el precio aumente exactamente en la cantidad del impuesto. Esto ocurrirá siempre que el aumento en el precio no haga perder clientes al vendedor.
Cuando se analiza la rentabilidad que queda para la empresa luego de poner el impuesto, se observa el impacto sobre la demanda del aumento de precios y finalmente puede resultar benéfico trasladar menos impuesto al precio. Todo depende del grado de reacción a los precios que presenten la oferta y la demanda.
DISCUSIÓN. El debate en materia impositiva entre otros temas tiene como protagonista la reducción o no de la tasa del IVA y la principal interrogante que se plantea es si el IVA es regresivo o progresivo. Hay una fuerte confusión en este tema y eslóganes políticos que se transforman en premisas contradictorias. Por ejemplo, entra en contradicción decir al mismo tiempo que el IVA es regresivo y que reducir el IVA solo privilegia a los ricos.
El IVA es uno de los impuestos más difíciles de analizar porque se trata de un impuesto indirecto, que si bien lo siente el consumidor al pagar por el bien o servicio que compra, en realidad recae sobre el valor agregado incorporado al mismo (precio final menos costo de los insumos). Si se quiere sustituir la recaudación del IVA por un impuesto al consumo la tasa que habría que cobrar sería mucho más baja. Por ejemplo, si se considera que el valor agregado de todos los bienes que llevan IVA es del orden del 30% para recaudar la tasa sobre el consumo (sin posibilidad de deducir el impuesto que se paga por los insumos) sería del 6,6%
Para dar respuesta a la interrogante sobre el impacto del IVA en la distribución del ingreso hay que considerar dos comparaciones: a) la tasa del impuesto en relación al gasto de consumo de los hogares, y b) la incidencia del impuesto en relación al ingreso del hogar.
El IVA tiene tasas diferenciales para algunos productos, existiendo en la actualidad tres tasas: 0%, 10% y 22%. Se podría elaborar entonces una tasa promedio para cada hogar a lo largo del mes. Como la estructura del consumo de los hogares con distintos niveles de ingreso es diferente, entonces la tasa sobre el consumo final que se aplica al IVA es distinta.
Aquel que tenga en su canasta de consumo mayor proporción de bienes exentos o a la tasa mínima pagará menos impuestos que el que tenga mayor proporción a la tasa básica.
Si se actualiza la Encuesta de Hogares de la década de los noventa por la evolución del IPC se observa que los hogares pobres (el 30% más pobre) destinan más del 60% a alimentación y vivienda, mientras que los hogares más ricos (el 30% más rico) solo destinan un porcentaje menor.
En el caso de las compras de bienes y servicios más elaborados como transporte y comunicaciones, esparcimiento, muebles y accesorios para el hogar la diferencia es en el otro sentido: el consumo pobre no llega al 30% del total y el rico al 40%. La tasa promedio de alimentos y vivienda es muy inferior a la tasa de los bienes y servicios que más consumen los ricos.
Esta tasa promedio superior para los ricos que para los pobres debería ser analizada en el contexto del valor agregado en cada grupo de bienes y servicios. Si se considera que los bienes y servicios que consumen los hogares de mayores ingresos tienen mayor valor agregado que los que consumen los hogares más pobres, entonces se concluye que la cantidad de impuesto que se paga por parte de los pobres en comparación al gasto es inferior a la cantidad que pagan los ricos.
Finalmente está el tema de la incidencia del IVA en relación al ingreso.
Se dice que como los ricos ahorran y el ahorro no está gravado por IVA, entonces se trata de un impuesto regresivo. El razonamiento es cierto si se habla de una fotografía en un momento dado pero equivocado si se piensa en el sentido que tiene el ahorro para una persona u hogar. El principal motivo por el que se ahorra es postergar el consumo o permitir mayor consumo a los hijos o nietos. Por lo tanto, en algún momento se va a consumir y en ese momento se pagará IVA.
Como es impuesto que no se paga hoy sino en el futuro se debería considerar financieramente si es equivalente. Como el ahorro genera intereses que pueden asimilarse a la tasa de descuento, entonces es lo mismo que gravar el consumo hoy. A su vez, el consumo financiado con ahorros corresponde a bienes de mayor valor agregado, sobre los que recae una tasa implícita mayor.
Todo da a indicar que la cantidad de impuesto que pagan los ricos y los pobres a lo largo de un período de tiempo relevante es progresiva. Esto implica que pagan más los que tienen más.
Volviendo a lo del principio, la discusión sobre la progresividad de la tasa pierde relevancia si se considera que el poder redistributivo de los impuestos es muy bajo y el impacto final depende de la reacción a los precios de la oferta y la demanda.