FRANCISCO FAIG
Todo lo que bueno o malo que nos pasa aquí abajo, está escrito allá arriba", hizo decir Diderot a su célebre personaje en "Jacques le fataliste et son maître", a fines del siglo XVIII.
Jacques no entendía de libre arbitrio; creía que los eventos están determinados por causalidades fatales sobre las que la acción del Hombre nada puede.
Más de dos siglos más tarde, el país sufre problemas que no resolvemos porque parecemos marcados por ese primitivo espíritu fatalista.
Nuestra bonanza no depende de nosotros. Los precios internacionales de nuestros productos, escritos "allá arriba", explican nuestro crecimiento, inserción internacional, y fiesta de gasto público. Como Jacques, aceptamos la buenaventura y nada hacemos para reformar prácticas y multiplicar esfuerzos que nos aseguren mantener el crecimiento más allá de la coyuntura.
Nuestra decrepitud educativa no tiene cura: está escrita "allá arriba". El gobierno se acerca a ella con múltiples diagnósticos pero nada mejora sustancialmente. Todo empeora.
Nuestra desidia pública- estatal tiene mil rostros: está dibujada "allá arriba". Por eso no logramos cambiar la matriz energética; avanzar en una reforma del Estado eficiente; abrir a la competencia a Ancap; invertir como corresponde en infraestructura.
La inseguridad pública campea: está prescrita "allá arriba". Se alimenta de la parálisis del gobierno que no ha podido dar soluciones estructurales a problemáticas tan distintas como las cárceles, la delincuencia juvenil, o el flagelo de la violencia doméstica.
Sin embargo, es tiempo de reivindicar la libertad que tenemos para definir mejores rumbos.
Se puede ser más productivo y competir internacionalmente con productos más elaborados que las materias primas.
Se puede vencer la dejadez de la izquierda sesentista que impide todo cambio en la educación; tomar medidas para asegurar nuestra independencia energética; aplicar modelos que nos aseguren un Estado eficiente; multiplicar las inversiones privadas que nos den carreteras, puertos y ferrocarriles nuevos para seguir creciendo; ejercer la autoridad para vivir en paz y sin miedos adentro y afuera de casa.
La responsabilidad es, sobre todo, del liderazgo político. Tiene que convencerse de que se puede torcer el brazo a los corporativismos, siempre que se apoye en el protagonismo de la mayoría silenciosa que clama por vivir en una sociedad más justa y más próspera.
El Frente Amplio tiene que romper el cerco mental de su conservadurismo porque el país lo precisa moderno, democrático, y plenamente socialdemócrata. Los partidos de oposición tienen que exigir calidad de políticas públicas y plantear claramente que hay mejores alternativas de gobierno, porque el país precisa de la posibilidad de una alternancia seria y capaz de ejercer el poder.
Desde la sociedad, precisamos un talante exigente que se convenza de que estamos en una coyuntura histórica que, si es bien aprovechada, nos puede devolver un país excepcional para vivir. Porque nada hay escrito "allá arriba".