Los sesudos miembros de la Real Academia Española han querido que, junto con la apertura de 2011, el 1° de enero viera la luz la Nueva Ortografía de nuestra lengua: y nos han arrojado -como envuelto para obsequio- un volumen de tomo y lomo, de 745 páginas, que incluye las últimas novedades en la materia, agregando así unas cuantas hojas a las 577 aparecidas en 1999. Ya en este mamotreto figuraban variantes, fundamentos y opciones que fueron poco o nada respetados por los verdugos de la escritura, empeñados en reiterar errores... y horrores.
Sin haberlo tenido en mis manos, puedo comentar algunas cositas que se han difundido acerca del libraco, y merecen ser señaladas a cuenta de mayor cantidad en próximas notas. Por ejemplo: al monarca hispano se le borró la mayúscula de su rango; ya no será el Rey, sino el rey Juan Carlos de Borbón. Además, cuando por cualquier circunstancia el soberano haya dejado vacío el trono, será el exrey... así, todo seguidito, prescindiendo del guión separatorio. Algo parecido ocurrirá con todos los títulos nobiliarios, que pierden la mayúscula y pasan a ser el conde, el duque, etc. Los presidentes, primeros ministros y jefes de gabinete, quedan comprendidos en igual exclusión de la rayita de marras: del mismo modo, cuando una divorciada haga mención escrita de quien fuera su esposo, tendrá que referirse al exmarido... como si por encima de la separación que imponía el guión, se vislumbrara ahora una posibilidad de juntarlos más, en una reconciliación.
La "t" que tanto nos confundía al momento de escribir correctamente Tchaikovski, se descolgó como inicial del apellido del ruso genial: en los programas de conciertos leeremos Chaikovski, y sabremos de quién se trata.
En el caso de las "b", la corta será "uve", como desde siempre se la nombra únicamente entre gente bien hablada.
Por otra parte, estamos dándole el adiós definitivo al tilde de sólo como alternativa de solamente: de futuro, aquel sólo habrá de quedar, extrañando al acento, como en el tango "Martirio" del ñato Discepolín: "Solo... pavorosamente solo".
Por último -por hoy- la vieja y querida "i" griega será tratada, sin la mínima gracia, como "ye"... así, a secas. Pero su uso en el lenguaje de "la Chola" -el noticiero andante del barrio- seguirá siendo el mismo: volverá del "shopping" diciendo: "No saben el "yow" que se están perdiendo en el "yopin".