Se hace difícil escribir sobre la situación en Egipto porque los hechos se suceden con velocidad vertiginosa, pero las cuidadosas declaraciones del gobierno de Estados Unidos -principal aliado del régimen de Mubarak- durante el fin de semana hacen prever que la suerte puede estar echada y solo un drástico golpe de timón, que nadie vislumbra, puede cambiar el curso de los acontecimientos. Es que Estados Unidos se ve enfrentado a un dilema ya tradicional en Oriente Medio sobre todo, entre más democracia y las alianzas estratégicas con regímenes poco democráticos,
El presidente Barack Obama ha pedido el inicio en Egipto de una "transición pacífica y ordenada" hacia "una verdadera democracia". Lógicamente que no hace mención a si esa transición será con Mubarak o sin él, pero parece muy difícil cambiar la manera de pensar y actuar de un gobernante con 30 años en el poder. La Secretaria de Estado, Hillary Clinton fue más lejos: "queremos ver una transición ordenada, de forma que nadie aproveche para llenar un vacío, que no exista un vacío, que se elabore un plan de conduzca hacia un gobierno democrático".
Mientras tanto continúan en las principales ciudades las manifestaciones y protestas que cobran cada vez mayor intensidad y que han dejado el saldo de un centenar largo de muertos. Para hoy está prevista la "marcha de un millón de personas" en El Cairo y las fuerzas armadas han emitido un comunicado donde afirman que "la libertad de expresión está garantizada para todos únicamente con medios pacíficos. Las fuerzas armadas no utilizarán la violencia contra los ciudadanos pero advierten contra actos que puedan amenazar la seguridad del estado". Da la impresión de que el círculo se cierra.