La reina Isabel II se rebela

Se acerca el 29 de abril. El costo de la ceremonia nupcial del príncipe Guillermo con Kate Middleton, ha cobrado estado público: rondará los 2 millones de libras esterlinas (un millón por contrayente, como calculó un eminente economista británico pretendiendo reducir la dimensión del gasto). No faltó en el comentario de la gente, una frase de fuerte contenido compasivo:

-¡Pobre reina!... ¡Qué buraco!

Pobre reina, nada. Isabel II se paró en los pedales y ya dijo que, ni loca, va a desembolsar semejante suma, equivalente a US$ 3.100.000.

-¡Qué se vayan a vivir en pareja, que está de moda!

La soberana se muestra dispuesta a asumir ciertos gastos como, por ejemplo, el del arroz con que se despedirá a los novios a la salida de la Abadía de Westminster... Pero, ¡stop!... Despilfarros, no.

Las autoridades del histórico escenario tiemblan mucho más por esa decisión real, que por el frío que invade a Europa. Si Su Majestad no se pone, el dinero tendrá que salir a enfrentar una facturación desequilibrante de sus ejemplares finanzas; los fondos que recaudan para la iglesia anglicana, provenientes de generosos gestos de la comunidad. Esto produciría los efectos de un sismo, desatado por las previsibles protestas de feligreses y donantes que contribuyen con la economía del templo: y en ninguno de ellos pudo germinar, jamás, la sospecha de que llegaría un día en que aparecerían como factores importantes para financiar una boda de la realeza.

Guillermo vive angustiado:

-Abu... No tengo un mango.

Y la abuela responde:

-Yo tampoco.

Siempre se confiesan así, cuando hablan de la decoración del templo, los arreglos florales, el esfuerzo del personal de seguridad, la organización de la ceremonia y su impecable funcionamiento.

Días pasados, el príncipe Felipe asistía al diálogo sin decir "This mouth is mine" (Esta boca es mía). Embarcado en la anticipación del lustrado de su medallero pectoral, cuando se retiró el "Wiyam" desolado, y quedó a solas con su esposa, se animó a proponerle:

-Isa: con todo respeto. He estado pensando en una solución para aliviar -y hasta posiblemente eliminar- los gastos de la boda del nieto. El público estará pendiente de la indumentaria de los novios. Yo creo que se podría conseguir un buen "sponsor" para la galera de Guillermo, y otro aún mejor para la cola del vestido de Kate.

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