Los dragados atraen a los grandes barcos

Desde 1815 . Los empresarios fueron los actores principales que desarrollaron el puerto

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EMILIO CAZALÁ

Más de cien solares sobre la bahía de Montevideo adquiridos a Javier de Viana por particulares y empresarios, crearon decenas de pequeños puertos y muelles de madera y hormigón por los cuales salió exportación y entraron las importaciones de carbón y sal.

En un tiempo y por muchos años, los grandes barcos de la época que venían a Montevideo, aún antes que construyeran los actuales muelles de hormigón en 1909, fondeaban en el antepuerto para sus operaciones y desde allí un fluido sistema de lanchas, lanchones, y remolcadores los conectaba a tierra, sea con pasajeros o con la carga general importada consistente en arroz de Valencia, máquinas de Alemania e Inglaterra, vino Carlon de España, géneros, prendas de vestir, muebles y sedas de Francia, productos químicos, etc. y los granos que se importaban de Argentina. Los pasajeros y las cargas se desembarcaban en los muelles centrales, desde el que estaba a la altura de la calle Colón que era muy extendido hasta el área de la calle Treinta y Tres que eran varios de madera y también los había de hierro. Pero el carbón y la sal eran descargados desde los grandes barcos mediante lanchones que llevaban las cargas a los numerosos muelles particulares que bordeaban la bahía de Montevideo donde se enseñoreaban prestigiosas barracas cuyos nombres llegaron hasta nuestros días. El carbón, sal y la exportación de miles de cueros, tasajo para Cuba y carne para Europa se hacía en lanchones desde aquellas barracas a los barcos fondeados y estos utilizaban sus propios pescantes o guinches. Esta práctica continuó aún después de construido el puerto, pues los barcos habían adquirido en esta modalidad eficiente productividad y se negaban a amarrar en los muelles por ser costosos. Hasta que la ANP un día los obligó al amarre pues había que pagar el costo de la construcción del puerto de Montevideo. Pocos testimonios quedan de aquellos tiempos excepto algunas obras cuyos restos aún se niegan a desaparecer, como un par de muelles de la Aguada, que pueden verse paseando por la antigua rambla Sudamérica a la altura de la usina de UTE. Nosotros tomamos fotos de esos muelles hace unos 20 años y verlos ahora al final de su vida entristece. Américo Deambrosi es propietario de la barraca que lleva su nombre, y ésta fue fundada a fines del siglo XIX ya que su abuelo José Deambrosi adquirió en 1912 un terreno sobre la bahía a la altura de la calle La Fe, para instalar un muelle. Esta barraca negociaba en cueros salados cuyas lanchas iban a la bahía al encuentro de los barcos para trasbordar, pero había numerosos establecimientos que exportaban de todo lo que había en ese tiempo y por supuesto de España recibían la sal y de Inglaterra el carbón. Los viejos muelles particulares alrededor de la bahía no eran pocos y cuyos restos vemos a la altura de la usina UTE, antigua usina de Calcagno. Deambrosi nos dice que muchísimos de esas parcelas estaban bajo agua y así reza en las escrituras. Suponemos que hasta donde se hiciera pie y que con los años fueron terrenos rellenados y tomados a la bahía, incluso gran parte de la llamada rambla Sudamérica. Al lado del terreno de su abuelo estaba la Cía. Alemana de Carbón y Sal, y a la altura de la calle San Fructuoso la barraca de Wilson Sons y Co. Ltd. y muy próximo estaba la Cía. Tranviaria La Transatlántica, y el Ferrocaril Central tenía a la altura de Progreso tres terrenos que daban a la bahía con un total de 15 mil metros cuadrados; hasta el Banco Hipotecario tuvo terrenos allí. Quizá más de 100 padrones tenían contacto con el agua o estaban sumergidos con el frente a la rambla Sudamérica. A esos embarcaderos llegaban las embarcaciones de cabotaje a traer el carbón o combustible para la usina eléctrica Calcagno y más modernamente la UTE hizo construir un muelle para que atracaran los pequeños buques tanqueros de la Ancap. Hace poco leíamos un libro de Andrés Lerena sobre propiedades en la bahía y hay muchísimos terrenos que al escriturar están explicados como "bajo agua". Recuerda nuestro entrevistado que el carbón se depositaba al costado de la ribera, donde se hacían montañas de la mercadería. Por reglamentaciones, hasta el año 1965 a los barcos con sal y carbón les estaba prohibido atracar en los muelles, de manera que debían operar fondeados en el antepuerto. Y recuerda Deambrosi que el "primer barco que trajimos y atracamos ese año estuvo 45 días para descargar 10 mil toneladas de sal, era un viejo Liberty a vapor. Hoy ese tonelaje se descarga en un día y medio". El muelle de hierro cuya foto publicamos era para recibir el carbón para la usina. El muelle de madera de los ancestros de Américo, estaba más bien frente a donde ahora está Saman, el muelle de madera de la Shell donde iban los barquitos tanqueros; Shell tenía por ahí cerquita un par de tanques para almacenar el combustible. La Esso también tenía otros tanques que es donde estaba Tecomar. Se almacenaba el combustible aquí y con pequeños barcos se entregaba como bunker (para consumo) a los grandes barcos que fondeaban en el antepuerto ya que todos los días teníamos uno o dos. Esa tarea la realizan hoy empresarios privados con sus buques mayores directamente desde Ancap. Estaba el muelle de la arenera Calcagno cuando se extraía la arena del río Santa Lucía. Había como diez muelles de madera. Queda el de hormigón que es de UTE y el de la Shell que solo muestra los palos. Se los ha ido desmantelando porque su especial madera la utilizan para trabajos de artesanía. Los ancestros de Deambrosi son de 1870 donde se salaban cueros que se exportaban e importaban la sal gruesa de Cádiz o de Torrevieja de España. Hoy la sal, que es de muy buena calidad, la traemos de Chile que tiene puertos muy eficientes y también de Brasil.

HISTORIA. Todos los terrenos situados alrededor de la bahía de Montevideo, más o menos desde San Fructuoso desde estaba la usina La Transatlántica (de alemanes), un terreno de 9.300 metros, cuyos representantes eran Francisco Lanza y Werner Quincke hasta el Dique Nacional (Rincón del Rey) fueron tierras propiedad del Brigadier Francisco Xavier de Viana que le fueron donados en 1815 por las Provincias Unidas del Río de la Plata por sus servicios prestados. Desde 1840 en adelante fueron enajenados a diversos propietarios y empresas y allí compraron hasta hombres de gobierno, saladeros, mataderos, importadores de carbón, etc. Tenemos cada una de esas promesas de venta. Las imágenes que ofrecemos las captamos hace unos 20 años.

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