RODOLFO SIENRA ROOSEN
Ante comentarios y panfletos que circulan, nos dio por comparar los peores momentos que vivimos como ciudadano. Lo previo y los años de dictadura no se olvidan así nomás. Perdimos ante todo la libertad. La economía quedó en ruinas y se fundió el sistema bancario nacional excluido de la recordada compra de carteras cuyas secuelas se sienten todavía. Hay gente que pagó sus deudas y la registran como morosa, y otros que no pagaron nada, se beneficiaron hasta del extravío de documentos. La dictadura aniquiló la educación y la Justicia persiguiendo a los mejores docentes y magistrados.
Pero los gobiernos de izquierda no le van en zaga. En materia de libertades, se siente una progresiva invasión del Estado en la vida individual. Estamos todos fichados. El servicio de inteligencia de tupamaros y comunistas es más eficaz que el de los militares y la tendencia al destrozo también está generalizada.
Mandan sindicatos ideologizados. El impuesto "a la renta" es solo un impuesto al trabajo para recaudar al barrer. Le echaron mano a las cajas de seguridad social que construyeron con su esfuerzo los escribanos y otros profesionales. La gente vive aterrada por su inseguridad. El desastre del nivel de la educación pública es la contracara del fuerte incremento de salarios a los docentes, por lo cual es imposible que se puedan contrarrestar las desigualdades sociales. Incluso en la política económica fracasaron. La economía crece con el lastre del gasto público desmedido y tenemos por delante dos amenazas: lo que haga Brasil con su moneda, y la inflación, que está ahí nomás, empujada por un consumo descontrolado y los aumentos de los Consejos de Salarios, con la cancha flechada.
Y se sigue ratificando que los gobiernos de izquierda no saben manejar nuestra política exterior. No tienen gente preparada, y si para muestra basta un botón fueron tres años con Gargano a cuestas. El Dr. Almagro dio esperanzas por su trayectoria como embajador de carrera en destinos importantes, pero defraudó. Prohijó un proyecto interpretativo de la Ley de Caducidad -impotable hasta para un aspirante a estudiante de derecho-, que Mujica después desautorizó. Y el Ministro es el responsable político de las cosas que dice y no dice el Presidente en el exterior. En Perú, sólo habló de "peruanas honestas y dóciles" (¿?) que sirven de domésticas en las casas de "familias ricas de Carrasco" y peruanos que viajan en tercera clase en barcos asiáticos. Ni una palabra a los grandes legados de Perú al mundo, como el Imperio Inca, las culturas precolombinas, Atahualpa, Vargas Llosa. Ni siquiera mencionó a Tupac Amaru, como lo consigna el Embajador Adolfo Castells (www.concertacionciudadana.org).
Y en Caracas, calificó de "idiotas" y "anti patriotas" sin nombrarlos, pero inequívocamente, a los paraguayos, los únicos que no dieron el voto para que Venezuela ingrese al Mercosur.
Igual el ejercicio masoquista tuvo la gran virtud de hacernos sentir bien lejos de unos y otros.
Eso es gratificante.