Julia Rodríguez Larreta
Terminó enero, primer mes del verano y del año y volvemos a ocuparnos de la vecina orilla. Temas no faltan, porque ya hace tiempo que el sopor del estío de otros tiempos, dejó paso a estados más febriles. Ocupaciones violentas de tierras en el área urbana, nuevos y más increíbles detalles sobre el accionar corrupto de funcionarios, políticos y allegados; creciente estado de indefensión de la sociedad ante el avance constante y cruento de la delincuencia; visita presidencial de la flamante presidenta del Brasil, (parece que no se ofendió con la descortesía de Cristina, ausente en su toma de mando), nuevos enfrentamientos con el campo por la política del trigo; desconfianza con los índices oficiales de inflación y continuas tratativas y especulaciones sobre candidaturas, tanto en el kirchnerismo como en el espectro opositor, incluyendo al peronismo del otro lado de la vereda.
Eso sí, ciertas cosas persisten incambiadas, como el acoso a la prensa independiente. Otra vez se produjeron sospechosas demostraciones de fuerza para impedir la normal distribución del diario Clarín y La Nación, con carteles que decían "somos soldados del pingüino". Dichos bloqueos a lo largo del fin de semana (viernes y sábado), provocaron un enérgico comunicado del actual presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Gonzalo Marroquín, así como de la Asociación Mundial de Periódicos (WAN) y de la Asociación de empresas Periodísticas de Argentina (ADEPA).
Aparte de que continúan las acciones para quitarles a ambos diarios, Papel Prensa, la empresa que los nutre de ese insumo igual que a otros 120 en el país, la persecución a los hijos de la Sra. de Noble, accionista del grupo Clarín que no decae. Por otro lado, fue defenestrado el director de Comunicaciones del Ministerio de Comunicaciones, Fabián Peláez y a todas luces, la grave falta y la fulminante decisión por parte del Ministro de esa cartera, estuvo relacionada con la carta de felicitaciones enviada por Peláez, a La Nación, por el 141 aniversario de su fundación. Ominoso pecado habría sido, escribir que "La Nación continúa siendo una herramienta de información imprescindible".
Como si esto fuera poco, los datos presentados por empresas que hace años se dedican a medir la inversión publicitaria, permitió corroborar lo que ya se entendía. La iniquidad y el favoritismo con que se distribuye la propaganda estatal.
El 47% de ella fue destinada a dos grupos editoriales afines al gobierno. Casi la mitad de los dineros destinados a la publicidad oficial, para diarios y revistas en la Capital Federal, fueron a engrosar esas arcas, entre enero y noviembre de 2010.
Los favorecidos lo fueron, no porque su importancia y tiraje lo ameritara -pues de difundir la actividad del Estado de la manera más efectiva se trata-, sino de acuerdo a su actitud (servil) hacia el kirchnerismo y sus objetivos. El diario oficialista Página 12 se llevó el 33,9% de la torta y el grupo Veintitrés, liderado por un personaje cercano a Olivos, llamado Sergio Spolski, el 21% del total.
En cambio, la pauta en La Nación y sus revistas fue del 4,3%, a pesar de un tiraje de más de 300 mil ejemplares lo domingos, mientras Clarín, con una circulación de arriba de 600 mil ejemplares ese día, además del deportivo Olé, el gratuito la Razón (92 mil promedio) y la revista femenina Elle, no llegó al 13%.
Desde 2009, la administración "K" dejó de aportar datos oficiales para de vez en cuando, hacer entregas en forma parcial. Esto fue objetado por la justicia en el Tribunal de lo Contencioso Administrativo en la Capital, en dos fallos que le dieron la razón a una ONG especializada en hacer informes completos sobre el reparto de la publicidad oficial.
Una materia bien delicada para la defensa de la libertad de expresión, ya que la arbitrariedad en su distribución es una forma de ejercer censura o presión a los que no son genuflexos con el poder, al tiempo que se privilegia el interés del gobernante, la ideología o las amistades.