Según cómo se mire

Que la economía del país en lineamientos generales está bien, es cierto. Ello, a pesar de que el 6.93% de inflación cerró a las apuradas, cuando era un hecho la suba de los combustibles que se postergó unos días, para que el porcentaje calzara a la fuerza dentro de la meta fijada. Y opiniones responsables del gobierno y de especialistas, no ven este aspecto fundamental de la cuestión tan claro, para el año en curso.

Lo que no es cierto en cambio, es que la referencia positiva sea trasladable al país en su integridad, pues en aspectos esenciales para su presente y su futuro, como la educación, la seguridad, la vivienda, o la salud, por poner los ejemplos las falencias son tan graves que hasta el propio gobierno -especialmente el Presidente de la República- las reconoce, aunque no tenga idea de cómo las va a solucionar.

Pero es justamente en la economía, en donde cada acontecimiento que ocurre se festeja como si fuera un éxito grandioso debido a los semi dioses que la manejan, a quienes tenemos que agradecerles sus dones. Sin embargo, no siempre es oro todo lo que reluce, y es según el color del cristal con que se mire.

Pongamos por ejemplo, la reciente operación de emisión / canje de Notas en pesos y en Unidades Indexadas. Allí se licitaron Notas del Tesoro en pesos a tres y, a cinco años y en Unidades Indexadas a ocho a y a quince años. Cada una de estas licitaciones tuvo su monto, sus adjudicaciones, y sus integraciones, discriminadas en Títulos, pesos uruguayos y dólares USA y a su vez, la información oficial que disponemos discrimina las adjudicaciones por tipo de inversor, entre AFAP, bancos privados, bancos públicos, minoristas, Cajas paraestatales, compañías de seguros, empresas públicas y otros. Para no agobiar al lector con números y porcentajes, nos limitamos a comentar el Desempeño Global. De acuerdo con el mismo, de un total presentado por 2.757 millones de pesos uruguayos, las integraciones se hicieron en Títulos del BCU por 1.121 millones (89.2%), en pesos uruguayos por 106 millones (8.4%) y en dólares por 30 millones (2.4%).

Pero además, teniendo en cuenta de ese Desempeño Global las adjudicaciones por tipo de inversor, resulta que un 40.3% se adjudicaron a AFAP, un 35.6% a bancos privados, un 10.9% a empresas públicas, un 6.0% a bancos públicos, un 3.0% a Cajas paraestatales, un 2.5% a Compañías de Seguros, un 1.6% a minoristas, y el 0.1% sobrante se repartió entre empresas públicas y AFAP.

La ovación y los aplausos responden al volumen de las adjudicaciones, que se estima muy por encima de lo que se esperaba, al diferimiento de los plazos de pago que dejan al Estado en una posición más holgada, y a la pesificación de la deuda, entre otras razones.

Pero… siempre hay un pero, y no sin falta de fundamento. Miradas las cosas desde otro ángulo, no necesariamente pesimista, pero tan realista como el anterior, lo que se gana en plazos de pago, se pierde en la medida que la deuda pública aumentó. Y nadie ha dicho hasta ahora, que parte importante de esa deuda la compraron otros organismos del Estado. Con una visión honesta, puede que el Estado central se haya endeudado nuevamente y no se específica de dónde provienen los dineros. La información oficial no discrimina en qué proporción se le adjudicó a AFAP República, que es de origen estatal, ni si el Banco de Seguros estuvo entre los adjudicatarios de las compañías dedicadas a su objeto.

Habría que agregar también que el porcentaje de las adjudicaciones de bancos privados es alto, quizá demasiado. Entonces, está bien alegrarnos porque la economía crece, aunque probablemente la situación no sea, al menos todavía, como para llamar a los peruanos a trabajar aquí o para convocar a quienes emigraron para que hagan sus valijas y vuelvan. Hay que ser consciente de que aún tenemos puntos vulnerables en lo que se proclama de mejor funcionamiento y que al mismo tiempo, no produce tranquilidad que algunos de quienes la manejan y son parte del gobierno, discrepen en los procedimientos a seguir.

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